En el pueblo de Colores, el carnaval por fin llegó. Todos los niños estaban muy emocionados. Había un niño llamado Pablo. Pablo tenía un sombrero grande y rojo. Había una niña llamada Ana. Ana tenía un disfraz de mariposa azul.
"¡Vámonos al carnaval!", dijo Pablo feliz.
"Sí, vamos", respondió Ana sonriendo.
En la plaza, había payasos riendo y saltando. Había magos haciendo trucos. Y había acrobatas girando y girando.
Pablo y Ana caminaban de la mano. Vieron un cartel que decía: "¡Encuentra el tesoro del carnaval!"
"¡Un tesoro!", dijo Ana con ojos grandes.
"¡Vamos a buscarlo!", dijo Pablo emocionado.
Junto a ellos, iba su amigo Lucas. Lucas iba en su silla de ruedas, pero eso no importaba, porque él tenía el mejor mapa. "Yo sé por dónde ir", dijo Lucas con una gran sonrisa.
Los tres amigos siguieron el mapa. Pasaron por el puesto de algodón de azúcar. "¡Mmm, qué rico!", dijeron. Luego, cruzaron la calle de los globos. "¡Mira cuántos colores!", rió Ana.
Al final del camino, encontraron una caja dorada. "¿Será el tesoro?", preguntó Pablo.
"¡Ábrela!", dijo Lucas con entusiasmo.
Dentro de la caja, había caramelos y una corona de papel. "¡Para ti, reina Ana!", dijo Pablo poniendo la corona en la cabeza de Ana.
"Y caramelos para todos", dijo Lucas repartiendo los dulces.
Los tres amigos rieron y bailaron. El carnaval era muy divertido. Juntos, habían encontrado el tesoro más grande: la felicidad de estar con amigos.
El sol brillaba y la música sonaba. Todos estaban felices en el carnaval de Colores. Y Pablo, Ana y Lucas sabían que ese sería un día que nunca olvidarían.