En un hermoso día de primavera, un pequeño conejo llamado Bruno saltaba por el campo. Bruno tenía orejas largas y suaves, y un pelaje blanco como la nieve. Estaba muy emocionado porque la primavera había llegado.
—¡Mira, mamá! —decía Bruno—. ¡Las flores están saliendo!
Bruno veía flores de todos los colores: rojas, amarillas, y azules. Las flores bailaban con el viento.
—¡Sí, Bruno! —respondía su mamá, sonriendo—. ¡Es tiempo de plantar!
Bruno ayudaba a su mamá a plantar semillas en la tierra. Con cada semilla que ponían, Bruno decía:
—¡Una, dos, tres! ¡Semillas en la tierra!
Después, Bruno y su mamá encontraron huevos de colores escondidos en el césped.
—¡Mira, un huevo azul! —decía Bruno, feliz.
—¡Sí, Bruno! —decía su mamá—. ¡La primavera es mágica!
Bruno sonreía, lleno de alegría. La primavera era un tiempo para jugar, plantar y descubrir. ¡Qué bonito era el mundo en primavera!