Parte 1
En la sala de un pino brillante, la Nochebuena olía a canela y a chocolate. Las luces parpadeaban, “tic-tic”, como luciérnagas de colores. En el suelo, sobre una alfombra suave, vivía Xilo, un xilófono pequeño y alegre. Sus láminas eran de muchos tonos: rojo, verde, azul y dorado.
Xilo se estiró y escuchó. En el aire flotaban risas suaves, campanitas lejanas y el crujir de las galletas. En la chimenea, Tronqui, un leño simpático, decía: “¡Qué noche tan bonita!”
De pronto, una estrella de papel bajó despacito desde el árbol y susurró: “Xilo, hoy tienes una misión: tocar un villancico para la fiesta. Todos te esperan.”
Xilo sintió un cosquilleo feliz en sus teclas. “¡Sí! ¡Yo puedo!” Pero miró sus dos baquetas… y solo vio una.
“¿Y mi otra baqueta?” preguntó, sin asustarse, solo con sorpresa.
La estrella de papel guiñó un brillo. “La buscamos juntos. Aquí nadie se queda solo.”
Parte 2
Xilo rodó con cuidadito. La alfombra lo abrazaba como una nube. Pasó junto al cuenco de galletas, donde Galle, una galleta con forma de corazón, canturreaba: “Ñam-ñam, la Navidad viene ya.”
“¿Has visto una baqueta?” preguntó Xilo.
Galle respondió: “Vi algo que rodó hacia el calcetín rojo, justo allí.”
En el calcetín rojo vivía Calceti, calentito y amable. “¡Hola, Xilo! Aquí guardo sorpresas,” dijo. “Mira, encontré una bolita blanca que hace ‘plin'.”
“Esa no es,” rió Xilo. “Pero suena bonito.”
Entonces, Copi, una taza con leche, movió su asa. “Yo vi una baqueta detrás del trineo de juguete. Brillaba como una luna.”
Xilo fue hasta allí. Y sí: la baqueta estaba escondida entre papel dorado. “¡Aquí estás!” dijo, feliz. La estrella de papel aplaudió con su brillo: “¿Ves? Con ayuda, todo aparece.”
Parte 3
La fiesta empezó. El árbol respiraba luz. Tronqui crepitaba suave. Galle, Calceti y Copi se acomodaron cerquita, como una familia de cosas queridas.
Xilo levantó sus dos baquetas. “Uno, dos, tres…” Y tocó: “plin-plin, plan-plan”, un villancico sencillo y brillante. Las luces bailaron. El papel dorado hizo “shhh” como nieve.
“¡Qué lindo!” dijo Calceti.
“¡Suena a abrazo!” dijo Copi.
Xilo sonrió con todo su cuerpo de colores. Se sintió acompañado, calentito por dentro. Afuera, el invierno era blanco y tranquilo; adentro, la Navidad era luz y hogar. Y cuando la última nota cayó suavita, todos susurraron juntos: “Buenas noches, Navidad.”