La nieve cae suave como algodón sobre el tejado de la casa de Martín y Sofía. Todo huele a galletas dulces y a chocolate caliente. Dentro, hay luces pequeñitas que parpadean y la música suena bajito. Martín se asoma por la ventana y sonríe. “¡Ya casi es Navidad!”, dice emocionado.
Sofía, que está sentada en su silla con ruedas, abraza a su peluche favorito y mira a Martín. “¿Sabes qué falta?”, pregunta Sofía. Martín piensa un momento y abre los ojos muy grandes. “¡Las invitaciones para la fiesta de Navidad!”
Los dos amigos saltan de alegría. Sacan papeles de colores, lápices y pegatinas brillantes. Martín toma una hoja azul. Sofía elige una verde con estrellitas. Empiezan a escribir despacito: “Querido amigo, ven a celebrar la Navidad con nosotros. Habrá risas, canciones y abrazos. ¡Te esperamos con alegría!”
Martín se concentra mucho. Escribe su invitación, pero de repente se equivoca y hace una mancha de tinta. Se pone triste. Sofía le toma la mano y le sonríe. “No pasa nada, Martín. Las invitaciones hechas con cariño son las más bonitas”, dice ella. Martín respira hondo y sigue. ¡Es valiente!
Sofía pega una estrella dorada y dibuja un árbol de Navidad. Martín dibuja muñecos de nieve y corazones rojos. Ríen juntos. De repente, la abuela entra en la sala con una bandeja de galletas calentitas. “¿Quién quiere probar mi receta especial?”, pregunta. Sofía y Martín aplauden, dejan las invitaciones en la mesa y prueban las galletas. Son blanditas, saben a felicidad.
Después, terminan las invitaciones. Los sobres tienen nombres y dibujos relucientes. Martín se pone el abrigo y Sofía su bufanda azul. Salen al jardín a dejar las cartas en el buzón. La nieve cruje bajo las ruedas y los pies. El aire frío les acaricia las mejillas y les hace reír aún más.
Al terminar, se abrazan fuerte. “Lo hicimos juntos”, dice Sofía. “Sí, y fue muy divertido”, responde Martín. Miran el cielo, donde las luces titilan como pequeños sueños. Saben que la Navidad será mágica porque está llena de amistad, valentía y mucho, mucho amor.