Parte 1
En un bosque de luces y nieve vivía un pequeño dragón azul. Tenía ojos grandes y una sonrisa tibia. Sus alas eran pequeñas y suaves. Le gustaban las estrellas y las canciones de la noche.
Cerca de su casa había una casita de madera. Dentro vivía una niña llamada Lía. Lía tenía una muñeca de trapo. La muñeca se llamaba Mimo. Mimo era viejecita y muy querida. Un día la muñeca perdió un botón y dejó de sonreír.
El dragón encontró la muñeca en la nieve. La tomó con cuidado. "Pobrecita", dijo el dragón. Sus alas temblaron de ternura. Quiso ayudar. Quiso coser el botón y devolver la sonrisa.
Era Navidad. En el aire olía a canela y a pino. Las luces brillaban como pequeñas lunas. El dragón pensó que arreglar la muñeca sería un regalo perfecto. "Haré todo lo posible", dijo.
Comenzó la búsqueda. Buscó hilo y aguja. Buscó botones de colores. Buscó algo mágico para que el arreglo durara. Caminó por el bosque. Saludó a cada amigo que encontró.
Se encontró con un conejo blanco. "¿Has visto botones?" preguntó el dragón.
"Sí", contestó el conejo. "Vi botones en la tienda de la ardilla."
"Gracias", dijo el dragón. "Eres amable."
Llegó a la tienda de la ardilla. La ardilla tenía una casita llena de cosas. Había botones brillantes. Había hilo de todos los colores. La ardilla ofreció ayuda. "Puedes elegir", dijo. "Toma el botón que más te guste."
El dragón eligió un botón que brillaba como una estrella. Era pequeño y redondo. El dragón lo sostuvo y sonrió. "Es perfecto", murmuró.
Parte 2
Volvió a casa con las manos llenas. Quería coser la muñeca antes de la Nochebuena. Pero el dragón no sabía coser. Sus garras eran grandes y torpes para las agujas. Se sentó y miró la muñeca. La nieve caía y cantaba en el tejado.
Pensó en pedir ayuda. Pensó en alguien que supiera coser con ternura. Caminó otra vez por el bosque. Saludó a la luna. La luna lo miró y guiñó un ojo.
Conoció a una tortuga vieja que tejía bufandas. "¿Puedes ayudarme a coser?" preguntó el dragón.
La tortuga sonrió. "Claro", dijo. "Ven a mi casa. Tengo paciencia y manos lentas."
Entraron en la casita de la tortuga. Había luces de colores y una taza de chocolate caliente. La tortuga enseñó al dragón a usar la aguja con cuidado. "Con calma", dijo la tortuga. "Con cariño."
El dragón intentó. Prendió el hilo. Metió la aguja. Falló. Reintentó. Reíronse juntos. "Paciencia", dijo la tortuga. "Lo haces bien."
Mientras cosían, llegaron más amigos. Un pajarito trajo una pluma para limpiar la tela. Un erizo trajo un lazo rojo. Una liebre cantó una canción suave. Todos ayudaron con alegría. Nadie se quedó fuera. Todos eran bienvenidos.
El dragón sintió calor en el pecho. Sentía que la ayuda era un abrazo largo. Aprendió a hacer puntadas pequeñas. Aprendió a juntar tela con ternura. La tortuga y los amigos le dijeron: "Tu corazón es la aguja más fuerte."
Con la última puntada, el botón quedó en la muñeca. Mimo volvió a sonreír. Sus ojos cosidos brillaron. Todos aplaudieron en voz baja, como si no quisieran despertar la nieve.
Parte 3
Era Nochebuena. El dragón caminó hacia la casa de Lía con la muñeca en sus brazos. Las estrellas los acompañaban. Las ventanas tenían luces y risas. La puerta se abrió y Lía apareció con sus ojos grandes.
"¡Mimo!" gritó Lía. Su cara se iluminó. Abrazó la muñeca con fuerza. "Gracias", dijo la niña, y miró al dragón. "¿Tú la arreglaste?"
"Sí", dijo el dragón. Sus mejillas se pusieron rosadas. "Con ayuda de amigos."
Lía miró a la tortuga, al conejo, al pajarito y al erizo que estaban detrás. Se acercó a todos y los abrazó también. "Gracias", dijo de nuevo. "Gracias por cuidar."
El dragón sintió una alegría suave. Todo el mundo se sentó alrededor del árbol. Compartieron una galleta de jengibre y una taza de cacao. Cantaron una canción pequeña y sencilla. Repitieron el coro varias veces. Fue como un abrigo cálido.
La noche era tranquila. La nieve brillaba como azúcar. Mimo, ahora sonriendo, dejó una pequeña huella de tela en el regazo de Lía. El dragón miró la escena y pensó: reparar algo con amor es como encender una luz dentro del corazón.
Antes de dormir, Lía puso una vela en la ventana. La vela brilló para agradecer. El dragón se achuchó con sus amigos. "Feliz Navidad", dijo la tortuga. "Feliz Navidad", susurró la luna.
Todos se durmieron tranquilos. La casa olía a pino y a dulce. Afuera, las estrellas velaban. La noche era suave y llena de paz. Y el pequeño dragón soñó con más botones, más canciones y más amigos.