Capítulo 1: El granjero Tomás y la mañana soleada
Tomás es un granjero muy alegre. Vive en una casa pequeña, rodeada de campos verdes. Cada mañana, Tomás se pone su sombrero grande y sus botas de goma. Sale al campo y dice:
—¡Buenos días, vacas! ¡Buenos días, gallinas!
Las vacas mugen:
—¡Muuu!
Las gallinas cacarean:
—¡Clo, clo!
Tomás sonríe. Le gusta cuidar a los animales. Les da comida, agua fresca y cariño. A las vacas les gusta la hierba verde. A las gallinas les gusta picotear granos.
—¡Coman despacito, amigas! —dice Tomás con voz suave.
Un día, dos niños llegan al campo. Son Ana y Pablo. Vienen con botas y gorros, listos para aprender.
—¡Hola, Tomás! —dice Ana.
—¿Podemos ayudar hoy? —pregunta Pablo.
Tomás se alegra mucho.
—¡Claro! Hoy aprenderán a cuidar a los animales conmigo.
Capítulo 2: Un problema en el campo
Ese día, el sol brilla fuerte. Hace mucho calor. Las plantas parece que están un poco tristes.
—Tomás, ¿por qué las plantas están flojitas? —pregunta Ana.
Tomás mira el cielo.
—No ha llovido. El campo tiene sed —explica Tomás.
Pablo se preocupa.
—¿Qué hacemos ahora, Tomás?
Tomás sonríe.
—No pasa nada, Pablo. Los granjeros siempre cuidan la tierra, aunque haga calor o llueva mucho. Vamos a buscar agua para las plantas.
Ana y Pablo saltan de alegría.
—¡Sí! ¡Ayudaremos al campo!
Juntos, llenan regaderas de agua y caminan por el campo.
—Damos agua a las plantas. Así crecen fuertes y felices —dice Tomás mientras riega.
Ana y Pablo riegan las plantas.
—¡Agua para ti, plantita! —susurran.
Los animales miran curiosos. Las vacas se acercan y las gallinas picotean cerca.
—Las vacas necesitan sombra y agua fresca —dice Tomás.
Ana les lleva agua. Pablo les trae pasto suave.
Las vacas dicen:
—¡Muuu!
Las gallinas dicen:
—¡Clo, clo!
Capítulo 3: Un día feliz en la granja
Cuando el trabajo termina, todos se sientan bajo un árbol grande.
Tomás dice:
—Hoy aprendimos algo importante. Los granjeros cuidan las plantas, los animales y el campo. Cuando hace calor, damos más agua. Cuando llueve, cuidamos que no se moje todo.
Ana sonríe.
—Tomás, me gusta ser granjera contigo.
Pablo ríe.
—¡A mí también! Me gustan los animales y las plantas.
Tomás les acaricia la cabeza con mucha ternura.
—El campo es feliz cuando lo cuidamos juntos. Gracias por ayudarme hoy.
El sol empieza a esconderse. Las vacas se tumban. Las gallinas se acomodan. Ana y Pablo se despiden de Tomás.
—¡Hasta mañana, Tomás! —dicen los niños.
Tomás sonríe y saluda con la mano.
—¡Hasta mañana, pequeños granjeros! El campo siempre los espera con alegría.
Y así, con corazones contentos, todos descansan, sabiendo que han cuidado la tierra y a sus amigos animales.