Mañana en la granja
Don Tomás se despierta muy temprano. El cielo bosteza y se pinta de rosita. El campo parece una manta verde. Don Tomás se estira, se pone el sombrero, y toca su bolsillo. Allí vive su semilla de suerte. Es chiquita, es lisa. “Hola, semillita”, dice en voz bajita. “Hoy cuidamos la granja.”
Sale despacio. El aire huele a pan tostado y a tierra mojada. La vaca dice “muuu”. La gallina canta “cloc cloc”. El gato se enrosca y ronronea. Don Tomás saluda a todos. “Buenos días, amigos. Yo los cuido. Ustedes me ayudan.”
Ser agricultor es cuidar. Cuidar la tierra, cuidar el agua, cuidar el tiempo. Don Tomás mira el cielo. Si hay nubes, prepara los cubos. Si hay sol, busca la sombra. Él sabe esperar, como se espera un abrazo.
Lava sus manos con agua fresquita. Toma la regadera. Toca su bolsillo otra vez. La semilla de suerte no se planta. Es su amiga viajera. Le recuerda ser paciente, ser alegre, ser responsable.
Camina por los surcos. El suelo está suave, como pan. Hay lombrices que bailan despacito. “Gracias, lombrices”, dice. “Ustedes aflojan la cama de las plantas.” Un pajarito canta. Una abeja zumba, como un pequeño motor feliz.
Trabajos y estaciones
Hoy Don Tomás planta semillas de verdad. Hace agujeritos, uno, dos, tres. Mete una semilla. La tapa con tierra, como con una cobijita. Le da agua, poquita, poquita, para no asustar. “Duerman. Luego crecerán”, susurra. Ser agricultor es hablar bajito al futuro.
Arranca las hierbitas que no deben estar. “Perdón, hierbitas”, dice, “hoy no toca.” Acomoda las plantas que ya salieron. Les explica con voz suave: “Ustedes comen luz. Yo les traigo agua. Ustedes crecen. Yo espero.” Se ríe cuando su sombrero quiere volar. “Sombrero travieso”, dice, y lo vuelve a poner.
En la granja hay estaciones, como canciones. En primavera, Don Tomás siembra. La tierra está despierta. Los brotes son bebés verdes. En verano, riega temprano, antes del calor. Escucha el agua caer, como lluvia de cucharitas. En otoño, recoge los tesoros: tomates rojos, calabazas gorditas, maíz dorado. “Gracias, campo”, dice, y llena cestos. En invierno, la tierra descansa. Don Tomás repara herramientas, ordena semillas, hace planes. “Dormimos un poquito. Luego seguimos”, murmura y sopla en sus manos.
También hay animales. Les da de comer a la gallina y al cerdito. Cuenta los huevos con cuidado. “Uno, dos, tres… gracias.” Cepilla a la vaca. La vaca cierra los ojos y parece una nube que suspira. Don Tomás limpia el gallinero, cambia el agua, arregla la cerca. Ser agricultor es hacer pequeñas cosas todos los días. Pequeñas cosas que suman algo grande.
Cuando algo no sale, él no se enoja. Respira hondo. Toca su bolsillo. La semilla de suerte le dice en silencio: “Paso a paso.” Entonces él prueba de nuevo. Riega un poco distinto. Espera un día más. Sonríe. Eso es ser responsable.
Cosecha, compartir y descanso
El sol camina despacio por el cielo. Es tarde. Don Tomás mira las plantas. Las hojas brillan. Los tomates están listos, redondos como mejillas. Corta con tijeras. Pone cada fruto con cuidado en la cesta. “Con calma”, se dice. “Cada cosa a su tiempo.”
Lleva una cesta a la vecina. “Para la sopa”, dice. La vecina sonríe. Un niño aplaude. “Gracias, Don Tomás.” Él contesta: “La tierra comparte, nosotros también.” Ser agricultor es compartir lo que crece.
De vuelta en casa, cocina despacio. La sopa huele a huerto y a abrazo. Parte pan. Come un poco. Guarda otro poco. Lava las tazas. Acaricia el lomo del gato. “Mañana seguimos”, le cuenta. El gato dice “miau” bajito, como un sí.
Antes de dormir, Don Tomás camina una vez más al campo. El cielo es azul oscuro con puntitos de azúcar. “Buenas noches, plantas. Buenas noches, animales. Buenas noches, agua y viento. Gracias, tierra”, susurra. Toca su bolsillo. La semilla de suerte descansa con él.
Se sienta en el porche. El aire es fresco. Cierra los ojos. Piensa en su trabajo. Plantar, regar, cuidar, esperar. Como una canción suave: cuidar, esperar, compartir. Ser agricultor es escuchar el ritmo de las estaciones y el latido de la tierra.
En su cama, Don Tomás se arropa. Su corazón late despacito, igual que el campo. Sonríe. Mañana habrá más sol, más agua, más manos, más cuidado. La semilla de suerte brilla en su bolsillo, como una luna chiquita. Y todo, todo, está bien. Dormir es también cuidar. Y el campo, como un gran gato, ronronea. Buenas noches.