Antes del sol, Luna ya sonríe en su cama.
Es una joven agricultora con botas y corazón grande.
Se levanta suave, como viento en trigo.
Trigo, su perro, mueve la cola contento.
Hoy prepara una cesta para el desayuno del pueblo.
El cielo se pinta de rosa y naranja.
Saluda a las gallinas con voz de abrazo.
"Buenos días, pequeñas", dice Luna.
Deja maíz dorado y agua fresca en sus bebederos.
Toma huevos tibios, redondos como lunas pequeñas.
Agradece a las gallinas con una palmada suave.
El trabajo del campo cuida y alimenta a todos.
Nico, el vecino, llega con una regadera azul.
"¿Te ayudo, Luna?", pregunta Nico.
Luna ríe como campanas.
"Claro que sí, manos juntas trabajan mejor", dice.
Revisan la huerta, cama dulce de semillas.
Luna toca la tierra con su dedo.
Es buen momento para regar muy poquito.
"Ni mucha agua, ni poca", explica Luna.
Trigo se moja y estornuda divertido.
"Salud, amigo", ríe Nico.
Luna planta semillas pequeñas en líneas derechas.
Las tapa con tierra suave, como manta tibia.
Explica cosas sencillas del tiempo y las estaciones.
"En primavera sembramos", dice.
En verano recogemos tomates rojos y fresas dulces.
En invierno la tierra descansa y respira.
Las abejas visitan flores y ayudan a tener frutos.
"Gracias, abejas", dice Luna, agitando la mano.
Echan hojas viejas al compost, comida para la tierra.
Los tomates se esconden detrás de hojas grandes.
"¡Te veo, tomatito!", dice Nico y se ríe.
Luna corta lechugas crujientes con cuidado alegre.
Mete verduras en la cesta de mimbre.
Don Paco llega con pan caliente.
"Traigo pan a cambio de tus verduras", dice.
Todos se ayudan en el pueblo cada día.
La cesta ya huele a campo, sol y horno.
Caminan despacio hasta la plaza del olivo.
Colocan pan, huevos, fresas, tomates y miel.
"Buen trabajo, equipo", dice Luna, y choca manos suaves.
Comen despacito y escuchan tórtolas en el árbol.
Luna explica que el campo necesita paciencia y cariño.
El sol sube y calienta espaldas y corazones.
Recogen todo y dejan la plaza ordenada.
Regresan por el camino entre mariposas amarillas.
En la granja, Luna da agua a las plantas.
Acaricia al perro y agradece al día.
Guarda las herramientas limpias y brillantes.
Luna se sienta un momento y respira profundo.
Piensa en las semillas dormidas bajo la tierra.
Las semillas crecen con cuidado, tiempo y ayuda.
Ella no está sola; el pueblo la acompaña.
El día termina suave, como canción de cuna.
Luna sonríe, cierra los ojos y descansa.