Capítulo 1: La granja de la abuela Rosa
La abuela Rosa vivía en una casa pequeña, rodeada de árboles verdes y flores de muchos colores. Un día, su nieta Martina fue a visitarla. Martina tenía ojos curiosos y le gustaba mucho escuchar historias.
—Abuela, ¿me cuentas cómo era tu trabajo en la granja? —preguntó Martina, sentándose en las rodillas de la abuela Rosa.
La abuela sonrió y acarició el cabello de Martina.
—Claro, pequeña —dijo con voz suave—. Yo era agricultora. Cada día me despertaba muy temprano, cuando el sol apenas salía. Salía al campo con mi sombrero de paja y mis botas de agua.
—¿Y qué hacías en el campo, abuela? —preguntó Martina.
—Plantaba semillas en la tierra. Semillas de maíz, de tomates, de zanahorias… Hacía agujeros pequeñitos con mis manos, ponía la semilla y la cubría con tierra suave. Después, regaba cada planta con mucho cuidado.
Martina abrió los ojos muy grande.
—¿Y las plantas crecían rápido?
La abuela rió despacito.
—No, cariño. Las plantas crecen despacito, como tú. Hay que esperar y tener paciencia. Cada día las miraba, les hablaba y les daba agua. ¡Las plantas también necesitan cariño!
Capítulo 2: Un día en la granja
La abuela Rosa llevó a Martina al jardín. Allí había tomates rojos, zanahorias naranjas y muchas flores.
—Mira, Martina —dijo la abuela—. Ser agricultora es cuidar la tierra y las plantas. También cuidaba a los animales: gallinas, vacas y ovejas. Les daba de comer y les daba agua fresca.
Martina tocó una hoja verde y sonrió.
—Me gusta mucho la granja, abuela.
—La granja es un lugar especial —dijo la abuela—. Aquí aprendí a trabajar con amor y a respetar la naturaleza. Ahora ya estoy jubilada, pero sigo cuidando mi pequeño jardín.
—¿Y qué te gusta hacer ahora, abuela?
—Me gusta enseñar a los niños como tú —respondió la abuela—. Me gusta contar historias y mostrar cómo crecen las plantas.
Martina abrazó a la abuela Rosa.
—¿Me enseñas a plantar una semilla?
La abuela asintió, feliz.
—Claro, pequeña. Vamos a plantar juntas. Así, tú también serás un poco agricultora.
Y, bajo el sol suave, abuela y nieta plantaron una semilla, riendo y aprendiendo juntas, con mucho amor y alegría.