Había una vez un pequeño renardito llamado Nico. Nico vivía en un bosque lleno de árboles verdes y flores de muchos colores. Cada noche, justo antes de dormir, Nico hacía una cosa especial.
Primero, se sentaba bajo su árbol favorito. Se sentía el viento suave en su pelaje. Cerraba los ojos y respiraba hondo. "Respira, respira", decía Nico mientras se relajaba.
Luego, Nico levantaba sus patitas al cielo, como si quisiera tocar las estrellas. Las estrellas eran sus amigas y brillaban solo para él. "Hola, estrellitas", susurraba. Se sentía feliz y tranquilo.
Después, Nico se estiraba como un gato. Estiraba sus patitas delanteras, luego sus traseras. "Qué bien se siente", pensaba Nico. Esto hacía que todo su cuerpo se sintiera relajado.
Por último, Nico se echaba sobre la hierba suave. Miraba las nubes que flotaban en el cielo oscuro. Las nubes eran como algodones que bailaban. "Buenas noches, nubes", decía Nico antes de cerrar sus ojitos.
Nico sabía que respirar y estirarse lo ayudaba a dormir mejor. Soñaba con ríos que cantaban, mariposas que bailaban y estrellas que contaban cuentos.
Al final, Nico siempre recordaba que la calma era su amiga y que, al respirar, todo era más bonito.
Dormir bien y relajado ayuda a tener sueños felices y despertar con una gran sonrisa.