En una cueva de cristal, una niña pequeña respira suavemente. La cueva brilla, suave y clara. "Mira", dice la niña, "el cristal canta". Ella sonríe, feliz.
En el suelo, hay un espejo de agua. El agua es tranquila, muy tranquila. "Hola, espejo", dice la niña. El espejo refleja sueños, sueños bonitos.
La niña ve un sueño en el agua. Un bosque, con árboles altos. "Qué bonito", susurra ella. El bosque es verde, verde y tranquilo. Un pajarito canta, su canto es dulce.
La niña encuentra un coquillo en el suelo. Lo levanta, lo escucha. "El océano", dice ella. El coquillo murmura, el sonido del mar. La niña cierra los ojos, escucha el océano.
Un viento suave sopla en la cueva. La niña respira, despacito. Su aliento es como una canción. Cierra los ojos, sonríe. "Estoy feliz", dice ella.
De repente, la sonrisa de la niña ilumina todo. La cueva brilla más, como el sol. "Todo está bien", piensa ella. La cueva es un lugar de paz.
La niña se acuesta sobre la tierra suave. Su respiración se calma, más y más. La cueva susurra, "Duerme, pequeña". Poco a poco, la niña se duerme.
El sueño llega, despacito. La respiración de la niña desaparece en el sueño. Todo está tranquilo. La cueva de cristal cuida su descanso, en paz y armonía.