Cuatro amigos pequeñitos juegan juntos. Ellos tienen un árbol gigante. El árbol tiene raíces grandes y seguras. Es un lugar mágico.
Un día, un rayo de sol sonríe desde arriba. "Hola, pequeños", dice el sol. "Vamos a aprender a dormir bien". Los amigos están felices y escuchan.
El sol les dice: "Cierra los ojitos, respira despacito. Así, bien suave, como las hojas del árbol. Inhala, exhala. Muy bien".
Uno de los amigos abraza su almohada. La almohada susurra: "Shhh, escucha. Tengo historias bonitas para contar". Los amigos sonríen, se sienten seguros.
De repente, el cielo se llena de estrellas en movimiento. Las estrellas hacen un baile lento y brillante. "Mira qué bonito", dicen los amigos, asombrados.
El amigo del medio dice: "Respiremos juntos, como las estrellas. Inhala, exhala". Todos respiran así, despacito, como el sol enseñó.
El árbol gigante los abraza con sus ramas. Los amigos cierran los ojitos muy despacio. Se sienten tranquilos, felices.
El último latido de sus corazones resuena, fuerte y suave. Bum-bum, bum-bum. El sonido es calmo, como una canción de cuna.
Los amigos saben ahora cómo dormir bien. El sol les sonríe una vez más, y ellos se sienten llenos de luz. Están listos para soñar, envueltos en el abrazo del árbol.
Buenas noches, pequeños. Dulces sueños.