En una cabaña junto al lago, un niño se acuesta. Cierra los ojos, respira despacio. "Buenas noches, pequeño," dice mamá. "Buenas noches," contesta el niño.
En su cama suave, siente calor. Su manta es como un abrazo. Mira al techo y ve estrellas. "Estrellas brillan," susurra mamá.
De repente, una luciérnaga aparece. "Hola," dice el niño. La luciérnaga parpadea, suave, suave, como el corazón. "Vamos a ver," dice la luciérnaga. "Sí," responde el niño.
La luciérnaga vuela, el niño la sigue. Todo está en silencio. El lago es tranquilo. "Escucha," dice la luciérnaga. El niño escucha. "Silencio es mágico," dice.
Respira, respira. "Silencio es música," dice el niño. "Sí," responde la luciérnaga. El viento susurra, las hojas cantan. "Música," dice el niño.
El niño se sienta, respira. "Respira despacio," dice la luciérnaga. Respira, respira, despacio. El niño siente paz, siente amor. "Silencio es amor," murmura el niño.
El niño cierra los ojos. La luciérnaga brilla, suave, suave. "Buenas noches," dice la luciérnaga. "Buenas noches," susurra el niño.
El niño respira, su corazón se calma. La respiración se hace pequeña, pequeña, hasta que desaparece. El niño duerme, sueña tranquilo.
El silencio lo envuelve, como una canción. La noche canta, el niño descansa. Todo está en paz, todo está bien.