Luna es una niña pequeña de tres años. Tiene el pelo rizado y ojos grandes y curiosos. Luna vive en una casa amarilla con su papá, su mamá y su osito de peluche, que se llama Tomi. A Luna le gusta mucho salir al parque y ver las flores, las mariposas y los pájaros. Siempre va de la mano de su mamá o de su papá.
Un día, el sol brilla y el cielo está azul. Luna se pone su vestido favorito, azul con puntitos blancos. Mamá dice: “Vamos al parque, Luna.” Luna sonríe y agarra a Tomi. “¡Sí, vamos!” grita.
En el parque, hay muchos niños jugando. Luna mira los columpios y escucha risas. El pasto está suave y huele a verde. Luna camina despacio, mirando las flores rojas y las hojas que caen. Mamá se sienta cerca, leyendo un libro. “Estoy aquí, Luna”, dice mamá.
Luna ve una mariposa amarilla. “¡Mira, Tomi! Una mariposa”, susurra. Quiere seguirla, así que camina un poquito más lejos. La mariposa vuela despacio. Luna la sigue, riendo bajito. El viento mueve su vestido, y Luna se siente feliz.
De pronto, la mariposa desaparece detrás de un arbusto grande. Luna mira a su alrededor. No ve a mamá. No ve a los columpios. Solo ve árboles y flores. Luna se queda quieta. Siente algo raro en su barriguita. Sus manitas aprietan fuerte a Tomi.
Luna se siente un poco confundida. No sabe dónde está. Mira a la izquierda, mira a la derecha. No ve a mamá. El corazón de Luna late más rápido. “¿Dónde estoy?” piensa.
La emoción que siente Luna se llama confusión. Es como si en su barriguita hubiera mariposas que no saben a dónde volar. No le gusta mucho esa sensación. Siente ganas de llorar, pero recuerda lo que mamá siempre dice: “Si no sabes dónde estás, puedes pedir ayuda. Está bien decirlo.”
Luna mira a Tomi. “Tomi, creo que estoy perdida”, susurra. Sus ojitos se llenan de lágrimas pequeñas. Luna respira hondo, como le enseñó mamá. Inhala despacito, exhala despacito. El aire huele a flores. Se siente un poquito mejor.
Entonces, Luna ve a una señora con un sombrero rojo. Está barriendo hojas. Luna se acerca despacio. Siente que su voz es pequeña, pero quiere intentarlo.
“Hola”, dice Luna. La señora sonríe. “Hola, pequeña. ¿Estás bien?”
Luna abraza fuerte a Tomi y dice, con voz bajita pero valiente: “Estoy perdida.” La señora se agacha para mirarla a los ojos.
“Gracias por decirme. No pasa nada, vamos a encontrar a tu mamá”, dice la señora. Su voz es suave como una manta. Luna se siente un poco mejor. No está sola.
La señora le da la mano a Luna. Caminan despacio, mirando los árboles y los bancos. Luna respira despacito. Siente que las mariposas en su barriguita se calman. Ya no tiene miedo. Sabe que alguien la cuida.
De pronto, escuchan una voz. “¡Lunaaa!” Es mamá. Luna corre hacia ella y la abraza fuerte. Mamá la abraza también y le da un beso en la cabeza.
“¡Luna, estaba preocupada! ¿Estás bien?”, pregunta mamá.
Luna asiente. “Sí, mamá. Me sentí confundida y perdida. Pero le dije a la señora. Me ayudó.”
Mamá sonríe. “Me alegra mucho que hayas dicho cómo te sentías. Es bueno pedir ayuda cuando estás confundida.”
La señora sonríe también. “Eres valiente, Luna.”
Luna se siente orgullosa. Ya no está confundida. Mamá la toma en brazos y juntas agradecen a la señora del sombrero rojo. Luego, Luna y mamá caminan de la mano hasta el banco donde estaba Tomi, el osito.
Antes de irse, mamá y Luna se sientan juntas bajo un árbol. Mamá le dice: “Cuando te sientas confundida o perdida, puedes decirlo. Siempre habrá alguien para ayudarte. No tienes que tener miedo.”
Luna cierra los ojos y respira hondo. Siente el sol en la cara y el abrazo de mamá. Tomi también está apretado en sus brazos. Luna repite despacito: “Si me siento confundida, puedo decirlo. No pasa nada.”
Mamá sonríe y le acaricia el pelo. “Muy bien, Luna.”
Al final del día, cuando llegan a casa, Luna y mamá hacen su pequeño ritual. Se sientan en la cama, abrazan a Tomi y dicen juntos: “Hoy aprendimos algo nuevo. Si me siento confundida, puedo pedir ayuda. Siempre hay alguien que me quiere y me cuida.”
Luna se siente tranquila y feliz. Cierra los ojos, abraza a Tomi y deja que el sueño venga suave, como una nube mullida. Sabe que, aunque a veces se sienta confundida, siempre puede decirlo y pedir ayuda. Y eso está bien.