Capítulo 1: El día de la gran torre
En el bosque brillante vivía una pequeña dragona llamada Lila. Lila tenía unas alas suaves y bonitas, y siempre sonreía. Le gustaba mucho jugar con su mejor amigo, Nico el conejito.
Un día, Lila y Nico decidieron construir una torre muy alta con bloques de madera. Los bloques eran de muchos colores: rojo, azul, amarillo y verde. Lila colocaba un bloque encima del otro, y Nico le pasaba los bloques con mucho cuidado.
—¡Mira, Lila! ¡Nuestra torre es muy alta! —dijo Nico, saltando de alegría.
—¡Sí! ¡Es la torre más grande del bosque! —respondió Lila, moviendo su cola contenta.
Pero, de repente, Nico se emocionó tanto que tiró sin querer la torre con su patita. Todos los bloques cayeron al suelo con un gran ruido: ¡PUM! ¡PAM! ¡PLAF!
Lila miró los bloques en el suelo. Sintió que su cara se ponía muy roja. Su barriguita se calentó, y su corazón latía rápido, rápido.
—Nico… —dijo Lila, apretando sus manitas—. ¡Yo quería ver la torre grande! ¡Ahora está todo roto!
Nico miró a Lila con ojos grandes.
—Lo siento, Lila. No quise tirarla. Solo estaba muy feliz.
Lila sentía algo en su corazón. Era una emoción fuerte y nueva. Era la emoción de la rabia.
Capítulo 2: Lila aprende sobre la rabia
Lila quería gritar. Quería pisar fuerte con sus patas. Pero recordó las palabras de su mamá: “Cuando sientas rabia, respira despacito y cuenta hasta cinco”.
Así que Lila se sentó en el césped suave. Cerró sus ojos y respiró muy hondo: uno… dos… tres… cuatro… cinco… Su rabia seguía ahí, pero ya no era tan grande.
—Nico, estoy muy enojada —dijo Lila con voz suave—. Me duele en la barriga y en el corazón.
Nico se acercó despacito y le tocó la ala con su patita.
—¿Quieres que te ayude a recoger los bloques? —preguntó Nico.
Lila pensó. Quería gritar, pero también quería sentirse mejor.
—Sí, Nico. Pero primero, necesito saltar un poco —dijo Lila.
Entonces, Lila empezó a saltar en el césped. Saltó y saltó, como si la rabia saliera por sus patas. Nico la miraba y sonreía.
—¡Salta, Lila! ¡Salta alto! —decía Nico.
Después de saltar, Lila se sintió más tranquila. Su sonrisa volvió poquito a poco.
Capítulo 3: La torre de los amigos
Lila miró a Nico y dijo:
—Gracias por esperarme, Nico. Ya no estoy tan enojada. Ahora quiero construir la torre contigo otra vez.
Nico abrazó a Lila con sus orejas suaves.
—¡Vamos juntos! —dijo Nico.
Los dos recogieron los bloques, uno a uno. Esta vez, Lila puso un bloque, y luego Nico puso otro. Se turnaban y se miraban sonriendo.
—Uno para mí, uno para ti —decía Lila.
—Uno para mí, uno para ti —repetía Nico.
La torre creció despacito. Era bonita, llena de colores y de risas. Cuando terminaron, se sentaron a su lado y la miraron juntos.
—Me siento feliz otra vez, Nico —dijo Lila.
—Yo también, Lila. Me gusta construir contigo.
Lila le contó a Nico:
—Cuando me enojo, puedo saltar, respirar y decir cómo me siento. Así, la rabia se va y vuelve la alegría.
Nico asintió.
—Y yo aprendí que si hago algo sin querer, puedo pedir perdón y ayudar a arreglarlo.
Lila y Nico se abrazaron. El sol brillaba en el bosque, y la torre de bloques parecía aún más grande y bonita.
Desde ese día, Lila supo que la rabia es solo una emoción. Si la escucha y la cuida, puede volver a sentirse tranquila y feliz, siempre junto a su mejor amigo.