Ana y Luna tienen cuatro años. Son amigas. Juegan juntas cada tarde en el parque. Corren, saltan y ríen. Hoy el parque está lleno de niños nuevos. Hay una mesa con papel y colores. Hay un cuentacuentos que va a leer una historia. Ana mira la mesa. Luna mira al cuentacuentos. Las dos sienten algo en la barriga. Es una mariposa pequeña que no sabe volar. Es la timidez.
Ana dice: "Mi barriguita hace cosquillas." Luna asiente. "Yo también," dice. Se quedan un momento en silencio. Miran los colores. Miran los cuentos. Quieren participar. Pero la timidez les aprieta el pecho como una bufanda suave. No saben qué decir. No saben qué hacer.
La mamá de Ana se acerca. Le sonríe. "¿Quieres intentarlo?" pregunta. Ana baja la mirada. "Tengo miedo de hablar," susurra. La mamá le toma la mano. La mano es cálida. La mano le dice: "Puedes probar un poquito." Luna mira la mano. Luna siente que su corazón late rápido. "¿Y si hacemos algo divertido?" sugiere Ana. Luna sonríe un poco.
Las niñas se sientan en el césped. Ana tiene un lápiz. Luna tiene una piedra lisa que encontró. "Podemos hablar con la piedra," dice Luna. "La piedra es una amiga," añade Ana. Se pasan la piedra como un secreto. Cuando la piedra está en la mano, la voz parece más grande. "Hola," dice Ana a la piedra. "Hola," repite Luna. El juego las hace reír.
Deciden hacer un plan con pasos pequeños. Paso uno: respirar. "Vamos a respirar como un oso," dice Ana. Cierran los ojos. Inhalan despacio. Cuentan: uno, dos. Exhalan haciendo un sonido suave: mmmm. Repetir. La mariposa en la barriga se calma un poco.
Paso dos: dibujar lo que sienten. Luna toma el papel. Dibuja una mariposa con colores. Ana dibuja una casa con una ventana. En la ventana escribe "hola" con letras grandes. El dibujo les da valor. "Si lo dibujo, puedo mostrarlo," dice Ana. "Si lo dibujo, puedo decirlo," añade Luna.
Paso tres: usar la voz de muñeca. Hacen voces pequeñas y voces grandes. Primero susurran las palabras al oído de su amiga. Luego inventan una voz de dragón que susurra fuerte. Se ríen. La voz cambia la timidez por cosquillas. La risa es buena. La risa abre la puerta.
Vuelven a la mesa de colores. Un niño les ofrece un pincel. "¿Pintáis conmigo?" pregunta. Ana mira a Luna. Luna mira a Ana. La mariposa hace una última pirueta en la barriga. Ana aprieta la piedra en su mano. Luna cierra los ojos y respira como un oso. Juntas se acercan. Hablan con una voz que suena a canción.
"Hola," dice Ana. "Hola," dice Luna. El niño sonríe. "¿Queréis pintar una nube conmigo?" pregunta. Las niñas pintan la nube. Ponen azul suave. Ponen puntitos de sol. La nube parece feliz. Sus manos tiemblan, pero no mucho. El cuentacuentos las mira con cariño. Cuando hablan, nadie se ríe. Solo escuchan.
Después, llega la hora del cuento. El señor del cuento dice: "¿Alguna niña quiere leer una frase?" Ana siente otra mariposa. Luna mira la ventana de su dibujo. Ana respira. Recuerda la piedra y el dibujo y la voz de dragón. Levanta la mano despacio. Su voz tiembla un poco. "Me llamo Ana," dice. Dice la frase. Termina y se sienta. Luna aplaude con las palmas. El corazón de Ana se siente contento. La mariposa ahora parece una mariquita.
Más tarde, Luna también levanta la mano. "Yo quiero decir una palabra," susurra. Dice la palabra con la voz de muñeca. Todos sonríen. Luna mira a Ana. Ambas se miran y se ríen. Sus sonrisas son como sol. La timidez no desaparece. Pero ahora es pequeña. Es una amiga que las visita y se va cuando están listas.
Al volver a casa, las niñas van de la mano. Cuentan su día. "Hoy tenía mariposas," dice Ana. "Yo también," dice Luna. "Las dibujamos," recuerdan. "Respiramos como osos," añaden. La mamá de Luna las escucha. Les dice: "Siempre podéis contar lo que sentís." Las niñas repiten: "Siempre."
Esa noche, Ana guarda la piedra en la mesita. Luna cuelga la mariposa de papel en su ventana. Antes de dormir, se abrazan. Hablan suavemente. "La timidez está bien," dice Ana. "Nos recuerda que somos pequeñas y valientes," dice Luna. Aprenden que está bien sentir cosquillas en la barriga. Aprenden que hay formas bonitas para hablar: respirar, dibujar, jugar con una piedra, usar una voz divertida, levantarse un poquito.
La mariposa en sus barrigas ahora es tranquila. Se acurrucan en la cama. Cierran los ojos. Piensan en nubes, en piedras lisas y en voces que hacen reír. Mañana habrá más juegos. Mañana habrá nuevas mariposas. Pero ya saben cómo cuidarlas. Saben que pueden compartir sus sentimientos. Saben que poco a poco, paso a paso, la timidez se vuelve amiga. Se duermen con una sonrisa. La noche es suave y segura.