Capítulo 1: El dibujo de las amigas
Era un día soleado y suave en el parque. Cuatro amigas jugaban juntas: Lucía, Carla, Sofía y Emma. Todas tenían cuatro años y les encantaba hacer dibujos en el suelo con tizas de colores. Lucía tenía una pierna un poco diferente, pero eso no importaba para jugar y reír juntas.
—¡Vamos a dibujar una casa grande! —dijo Carla, sonriendo.
—¡Sí! Yo quiero dibujar una puerta azul —dijo Sofía.
—Yo puedo dibujar flores alrededor —dijo Emma.
Lucía cogió una tiza roja. Ella quería dibujar un gran sol en el cielo. Lucía estaba feliz y dibujó un círculo muy grande y rayos muy largos. Pero, de repente, Carla pasó corriendo y sin querer pisó el sol de Lucía.
—¡Oh no! —gritó Lucía— ¡Mi sol! ¡Está roto!
Carla miró los pies y vio el dibujo borrado.
—Perdón, Lucía. No lo vi —dijo Carla, triste.
Pero Lucía sintió algo muy fuerte en su barriga. Era como si una pequeña tormenta quisiera salir. Su cara estaba roja y sus ojos llenos de lágrimas. Lucía estaba enojada. Muy enojada.
—¡No quiero jugar más! —dijo Lucía, cruzando los brazos.
Las amigas la miraron. Sofía se acercó despacio.
—¿Estás triste, Lucía? —preguntó Sofía.
—No. Estoy enfadada. Mucho, mucho —respondió Lucía, con el ceño fruncido.
Capítulo 2: La nube de la rabia
Lucía se sentó en el banco. Sentía su corazón latiendo fuerte. Sus amigas se sentaron cerca, en silencio. Emma miró al cielo y vio una nube.
—A veces, la rabia es como una nube —dijo Emma—. Pasa por encima y después se va.
Lucía escuchó. Miró sus manos apretadas y supe que tenía mucha rabia en ese momento. Pero recordó que, a veces, cuando llora o se enfada, después se siente mejor.
Carla susurró:
—A veces yo también me enfado. Cuando mi hermano rompe mis juguetes, yo grito. Pero luego, cuando respiro hondo, la rabia se va poquito a poquito.
Sofía le dio la mano a Lucía.
—¿Quieres respirar conmigo? Así, mira: inspiro y soplo despacito —dijo Sofía, haciendo una respiración grande y luego soplando despacio como si apagara una vela.
Lucía la imitó. Inspiró, sopló. Inspiró, sopló. La tormenta en su barriga se hizo más pequeña. Ya no tenía tantas ganas de gritar. Empezó a sentirse tranquila.
—Mi rabia se va como la nube —dijo Lucía, un poco sorprendida.
Las amigas sonrieron.
—¿Quieres que te ayude a dibujar el sol otra vez? —preguntó Carla.
Lucía pensó. Miró a Carla y asintió despacito.
—Sí, pero esta vez, podemos hacerlo juntas.
Capítulo 3: El nuevo sol
Todas cogieron una tiza. Cada una hizo un rayito del sol, uno azul, uno verde, uno amarillo y uno rojo. El sol era más bonito que antes, y todas estaban alegres.
Lucía sonrió.
—Gracias, amigas. Ya no estoy enfadada.
Emma abrazó a Lucía.
—La rabia viene y se va. Juntas, es más fácil.
Las amigas siguieron dibujando y riendo. Si un día la rabia volvía, sabían que podían respirar, hablar y pedir ayuda. Sabían que la rabia no dura para siempre. Con cariño y amigas, todo se siente mejor.