Preparativos de Lila
Esta noche, la luna está redonda y amable. Brilla despacito. El cielo está limpio y azul oscuro. Lila, una luciérnaga pequeña, hace “bip, bip” con su luz. Es su forma de decir “hola”.
Lila se pone un disfraz. Es una capa de hoja dorada. Tiene puntitos de purpurina. También tiene un sombrerito de papel. El sombrerito se mueve un poco cuando Lila vuela. “Estoy lista”, dice Lila. “Estoy lista para la noche de Halloween”.
Hay un juego en el barrio. El juego se llama: “Ventanas con siluetas”. Es un juego suave y curioso. Hay ventanas con figuras en la luz. Gatos con bigotes largos. Sombreros puntiagudos. Calabazas que sonríen. Lila tiene una misión. Debe ver, una por una, las ventanas con siluetas. Debe contarlas. Debe saludarlas. Y debe dibujar, con su luz, las formas que ve. Lila hace dibujos de luz en el aire. Son como burbujas. Son como estrellitas.
“Buscar, mirar, brillar”, canta Lila. “Buscar, mirar, brillar”. Está contenta. Siente un cosquilleo. Es un cosquilleo de misterio bueno. Un misterio de juego. Su luz hace “ting” y “ting” como campanitas.
Una calabaza en la puerta guiña un ojo. “¡Feliz Halloween!”, dice la calabaza. “¡Feliz Halloween!”, responde Lila. Un gato con calcetines rayados pasa corriendo y se ríe en voz bajita. Lila ríe también. Todo es suave. Todo es alegre.
El paseo de las ventanas
Lila vuela por la calle. Vuela despacio. Mira una ventana. La cortina está clara. Detrás hay una sombra de gato. “¡Veo bigotes!”, dice Lila. Y con su luz, dibuja bigotes en el aire. Dos líneas largas. Luego dos líneas cortas. “Uno”, cuenta Lila. “Una ventana con silueta”.
En la siguiente casa, hay una silueta de sombrero. Es un sombrero alto, muy alto, casi tocando el marco. “Hola, sombrero”, dice Lila. “¿Bailas?” El sombrero no habla, pero parece que sí baila. La cortina se mueve un poquito. “Tranquilo”, dice el viento. “Solo soy yo”. El viento sopla suave, como un “shhh” de cuento. Lila se siente bien. Su luz sonríe.
Más adelante, una ventana tiene una silueta redonda. Parece un pastel. Lila se ríe. “Mmm, pastel de luna”, dice. Y dibuja un círculo de luz, redondo y dulce. “Dos”, cuenta Lila. “Dos ventanas con silueta”.
“Hola, Lila”, dice una escoba pequeña apoyada en la pared. La escoba lleva un lazo naranja. “Me gusta tu capa”. “Gracias”, dice Lila. “Me gusta tu lazo”. La escoba se alegra y hace un saltito. Lila sigue.
Otra ventana. Hay una silueta con una nariz larga y zapatos curvos. “Qué nariz tan graciosa”, dice Lila. “¿Eres una bruja simpática?” Lila dibuja la nariz en el aire, pero la hace chiquita y redondita. Así se ve más amable. A Lila le gusta cambiar las cosas para que se vean amigas. “Tres”, cuenta Lila.
De pronto, Lila ve una silueta que mueve los brazos. Parece un monstruo grande. Lila se queda quieta un segundo. Siente cosquillitas en la barriga. Respira. “Hola”, dice Lila. “Yo brillo poquito”. El monstruo mueve los brazos otra vez… y hace un corazón con las manos. ¡Es alguien jugando detrás de la cortina! La sombra se convierte en un osito con gafas de cartón. Lila se ríe. “Eres muy creativo”, dice. Y dibuja un corazón de luz sobre la ventana. Es un corazón suave. “Cuatro”.
Sigue el paseo. Lila mira arriba. Una ventana alta muestra una silueta de castillo. Tiene torres como conos de helado. Lila dibuja helados de luz. Uno de fresa. Uno de limón. Uno de nube. “Cinco”, canta Lila.
En la esquina hay una casa azul. En su ventana hay una calabaza con dientes cuadrados. La calabaza parece decir “cheese”. Lila dice “patata”. Y las dos se ríen. Lila dibuja cuadrados de luz. “Seis”.
La calle está tranquila. Se oyen pasos suaves, risas suaves, hojas que bailan. Cada ventana tiene una historia. Una silueta de murciélago que hace “hola” con el ala. Lila le contesta: “Hola, amigo”. Dibuja alas chiquitas. “Siete”.
Una ventana tiene una estrella grande. Lila se queda un momento. Mira su propia luz. “Tú y yo somos estrellas”, susurra. Y hace una lluvia de puntitos brillantes. “Ocho”.
“Hueles a dulce”, dice una voz bajita. Es un caracol con sombrero de copa. El caracol lleva una pegatina en su concha: una media luna dorada. “Voy despacio, pero llego”, dice. “Yo también llego”, dice Lila. “Pero con zumbiditos”. Y se despiden con un “tilín”.
Lila mira una ventana final. Una silueta de familia baila. Manos arriba, manos abajo. Lila dibuja manos de luz que aplauden. “Nueve”, cuenta. Siente que el paseo está bien. Que la noche está suave y alegre. Que el misterio es amigo.
De vuelta a casa
Lila regresa volando. La luna la mira con cariño. “Buen trabajo”, dice la luna, con voz redonda. “Gracias”, dice Lila. Su capa de hoja hace “susurro, susurro”.
En su casita de hoja, Lila coloca sus dibujos de luz. Los pega en el aire, uno por uno. Bigotes, sombrero, pastel, corazón, castillo, cuadrados, alas, estrellas, manos. Todos flotan. Todos brillan bajito. Parecen móviles de sueño. Lila se acuesta en su camita de pétalos. Toca un dibujo con la punta de su luz. “Hoy vi ventanas con siluetas”, dice bajito. “Hoy hice magia suave. Hoy jugué con mi brillo. Fui creativa. Me gustó mucho”.
La brisa entra y dice “buenas noches”. La calabaza de la puerta guiña. El gato de calcetines ronronea a lo lejos. Lila cierra los ojos. Su luz se hace pequeña, como una luciérnaga que bosteza. Todo está bien. La noche abraza. El misterio descansa.
Y Lila también.