Parte 1: La noche del misterio brillante
Marta es una niña de tres años. Hoy es Halloween y está muy emocionada. En casa hay calabazas con caras sonrientes y una guirnalda de fantasmas, pero Marta mira su disfraz y pone cara de duda. Su mamá le pregunta: “¿Te gusta tu disfraz de conejita, Marta?”
Marta asiente, moviendo sus orejas de felpa. Pero hay algo más. Marta quiere ponerse su gilet brillante, el gilet que brilla en la oscuridad.
“Mamá, ¿puedo llevar mi gilet reflectante?” pregunta Marta.
Su mamá sonríe. “¡Claro que sí! Así te verán todos y brillarás como una estrella.”
Marta corre a buscar su gilet. Es amarillo y tiene rayas plateadas. Cuando se lo pone, se mira en el espejo y ríe: “¡Soy una conejita luminosa!”
Su papá dice: “Perfecto para una noche misteriosa.”
Marta ríe fuerte. “¡No me pueden perder en la oscuridad!”
Parte 2: La aventura de los dulces
Marta sale de casa de la mano de mamá. Afuera, hay niños disfrazados de brujas, súper héroes y monstruos sonrientes. Todos llevan bolsitas para los dulces.
Marta camina dando saltitos. Su gilet reflectante brilla cuando pasa por la luz. Un niño vestido de fantasma dice: “¡Guau! Marta brilla mucho.”
Marta sonríe y dice: “Así papá y mamá me ven siempre.”
En la primera casa, Marta toca la puerta. “¿Truco o trato?” dice con voz suave. La señora les da caramelos. “¡Qué conejita más brillante!”, dice la señora.
Marta mira a su alrededor. Se siente segura y feliz.
De pronto, su amiga Lucía, vestida de mariquita, corre hacia ella. “Marta, mi ala se cayó y no la veo.”
Marta la ayuda a buscarla. Brilla su gilet y la luz ayuda a ver la pequeña ala roja en el suelo.
“¡Aquí está!” dice Marta, dándosela a Lucía.
Lucía sonríe. “¡Gracias, conejita luminosa!”
Marta se siente muy contenta. Ayudar es bonito.
Parte 3: Misterios suaves y dulces
Sigue la noche. Marta y Lucía caminan juntas. Hay sombras largas y sonidos suaves, pero no tienen miedo.
Caminan hasta la casa de un niño misterioso. Hay una tela de araña de mentira y calabazas que se iluminan.
Lucía dice: “¿Entramos?”
Marta asiente, apretando la mano de su amiga.
Dentro, el niño misterioso les ofrece galletas de monstruo. Las galletas son verdes y sonríen.
“¡Qué susto!” dice Lucía, y después ríen las tres.
Al salir, Marta ve que un niño pequeño busca su gorro.
Marta se acerca. “¿Qué buscas?”
El niño señala su cabeza, un poco triste.
Marta y Lucía miran alrededor. La luz del gilet ayuda otra vez. Allí, junto a una calabaza, está el gorro. Marta lo recoge y se lo da.
El niño sonríe. “Gracias, conejita brillante.”
Marta se siente feliz de ayudar.
Ya es tarde. Marta, Lucía y los demás niños vuelven a casa.
Marta mira su gilet reflectante y abraza a su mamá.
“Hoy he sido una conejita luminosa y ayudante.”
Su mamá besa su cabeza.
“Eres mi conejita brillante, pequeña ayudante.”
Marta sonríe.
La noche de Halloween termina tranquila y feliz.
Marta se acurruca en su cama, pensando en dulces, luces y amigos.
“Buenas noches, conejita luminosa”, susurra mamá.
Marta cierra los ojos y sueña con aventuras suaves, misterios alegres y un gilet que brilla, siempre cerca de sus amigos.