Capítulo 1: La caja misteriosa
Había una vez una niña pequeña llamada Lila. Lila tenía cuatro años y le encantaba Halloween. Una tarde, Lila estaba en su habitación, poniendo calabazas de papel y pegatinas de fantasmas en la ventana. “¡Qué divertido es Halloween!”, cantaba Lila, mientras bailaba con su brujita de peluche.
De repente, debajo de la cama, vio algo brillante. Lila se agachó despacito y sacó una caja muy vieja, con dibujos de murciélagos. “¿Qué es esto?”, preguntó Lila con voz bajita. Nadie respondió. Lila tocó la caja y… ¡la tapa se abrió sola! De dentro salió un polvo de estrellas que voló por la habitación. “¡Ohhh!”, dijo Lila con los ojos como platos.
Capítulo 2: La noche mágica
De la caja salió una vocecita: “¡Hola, Lila! ¡No tengas miedo!” Era un pequeño fantasmita, todo blanco y blandito, que flotaba cerca de Lila. “Me llamo Nube. ¿Quieres jugar conmigo esta noche de Halloween?”, preguntó el fantasmita.
Lila pensó un poquito, pero luego sonrió. “Sí, Nube. ¡Vamos a jugar!” El fantasmita giró en el aire y, ¡zas!, la habitación de Lila se transformó en un bosque mágico, lleno de árboles dulces y calabazas que reían. “¡Guauuuu!”, gritó Lila contenta.
Juntas, Lila y Nube saltaron entre hojas de caramelo y buscaron luces misteriosas. A veces, una sombra corría detrás de un árbol y Lila sentía un poquito de miedo. “Nube, ¿qué fue eso?”, preguntaba Lila. Nube le tomaba la mano y decía en voz suave: “Es solo una sombra. Aquí todo es mágico, pero nada da miedo de verdad.”
Lila se reía y saltaba. Cada vez que sentía miedo, Nube le recordaba: “No pasa nada, Lila. Estamos juntos.” Lila se sentía valiente y muy feliz.
Capítulo 3: De vuelta a casa
De repente, la luna brilló fuerte y Lila bostezó. “Nube, creo que tengo sueño”, dijo Lila. Nube sonrió y la llevó de la mano. En un abrir y cerrar de ojos, Lila estaba otra vez en su habitación, con la caja mágica cerrada.
“Gracias por jugar conmigo, Lila”, dijo Nube antes de desaparecer. “Siempre que quieras una aventura, solo abre la caja.” Lila le mandó un beso y se metió en su camita.
Esa noche, Lila soñó con calabazas que bailaban y fantasmas que reían. Y supo que, aunque Halloween puede ser un poquito misterioso, nunca hay que tener miedo cuando tienes amigos y mucha imaginación.