En un reino mágico, vivía una pequeña princesa llamada Sofía. Su castillo era alto, con torres que tocaban el cielo. Un día, Sofía salió al jardín. El sol decía “buenos días”, y las flores bailaban “¡hop, hop!” con el viento suave.
Sofía encontró una mariposa azul. “Hola, mariposa”, dijo Sofía con voz dulce. La mariposa voló y Sofía la siguió. “¡Zas, zas!”, sonaban las alas. Juntas corrieron por la hierba. Sofía sentía cosquillas, “ji, ji”, y la mariposa se posó en su mano.
De repente, la mariposa se fue volando, “zuuum”. Sofía miró a su alrededor, el jardín brillaba. Un pajarito vino y cantó “pío, pío”. Sofía saludó: “Hola, pajarito”. El pajarito y la princesa bailaron despacio, “tra-la-lá”. Todo era mágico y feliz.
Sofía volvió al castillo. “¡Hasta luego, amigos!”, dijo alegre. El sol la abrazó con luz suave.
Siempre es bonito ser amable y cuidar a los pequeños amigos.