—Hola, bosque mágico —dijo la princesa Luna, con voz suave—. ¿Dónde está mi corona?
El árbol alto susurró:
—Busca, busca, princesa. Busca con tu corazón.
Luna mirĂł el rĂo brillante.
—RĂo, rĂo, Âżhas visto mi corona?
El rĂo cantĂł:
—Sigue mi camino, Luna. El agua sabe guardar secretos.
Luna caminĂł. Sus pies tropezaron con una piedra reluciente.
—¡Oh! —dijo Luna y sonrió—. Soy una princesa un poco torpe.
El bĂşho volĂł cerca.
—Luna, sé valiente. Sé sabia. La corona está cerca.
Luna respirĂł profundo.
—Gracias, señor búho. Voy a buscar con calma y amor.
El viento soplĂł suave.
—Sigue, Luna. Eres fuerte como la montaña.
Luna llegó a la cueva secreta. Dentro, la corona brillaba, rodeada de flores mágicas.
—¡Mi corona! —susurró Luna.
Una rana verde saltĂł.
—Luna, la corona es tuya porque eres buena y cuidas a todos.
Luna puso la corona en su cabeza, despacio, con cuidado.
—Gracias, amigos. Os quiero mucho.
El bosque, el rĂo, el bĂşho y la rana cantaron juntos:
—Luna, eres valiente. Eres sabia. Eres una princesa de luz.
Luna sonriĂł y abrazĂł a sus amigos.
—Siempre protegeré mi hogar, siempre con amor.
La luna en el cielo brilló más fuerte. Todo el reino durmió feliz, arropado por la magia y el cariño.
AsĂ, la princesa Luna aprendiĂł: ser valiente y amable es la mejor corona del mundo.