HabĂa una vez un prĂncipe sabio llamado Nico. VivĂa en un reino mágico lleno de árboles que brillaban como estrellas. Un dĂa, la luna hablĂł. "PrĂncipe Nico", dijo la luna con voz suave, "un dragĂłn ha robado mi luz. ÂżPuedes ayudarme?"
Nico asintiĂł. "SĂ, luna. Te ayudarĂ©".
CaminĂł por el bosque, donde los árboles susurraban secretos. "Sigue el camino dorado", decĂan. Nico siguiĂł el camino dorado.
Pronto, encontró al dragón. El dragón no era malo, solo triste. "Perdà mi hogar", dijo el dragón. "Por eso tomé la luz".
Nico sonrió. "Te ayudaré a encontrar un nuevo hogar", prometió.
Juntos, caminaron hasta una cueva acogedora. El dragĂłn sonriĂł feliz. "Gracias, prĂncipe Nico".
La luna brillĂł de nuevo. "Gracias, prĂncipe Nico", dijo la luna.
"De nada, luna", respondiĂł Nico.
Y asĂ, el prĂncipe sabio, el dragĂłn y la luna vivieron felices, iluminando el reino con su amistad. Fin.