Marina escucha una risa. Una risa cerca del árbol. Es de noche. Todo está callado, menos esa risa. Marina abre los ojos muy grandes. Mira a su amiga Lucía. Lucía dice: “¿Has oído eso?”
Sofía, que tiene una pierna mágica, también escucha la risa. Ella se ríe bajito. Alba, la última amiga, susurra: “¡Vamos a ver!”
Las cuatro caminan despacito. El árbol de Navidad brilla. Las luces hacen “tic tac, tic tac”. De repente, ¡ven un gorro rojo detrás de los regalos!
El gorro salta. ¡Es un lutin travieso! El lutin dice: “Buscad mi pista, ¡juguemos!” Marina ríe. Lucía aplaude. Sofía dice: “¡Sí, sí!” Alba se esconde, pero mira con un ojo curioso.
Encuentran una galleta en el zapato de Lucía. “¡Sigue la pista!”, dice el lutin. Hay huellas de azúcar por el pasillo. Las niñas gatean. Sofía va despacio y las demás la esperan.
En la cocina, hay una montaña de cucharas. El lutin ha hecho una torre. “¡Bravo!”, gritan todas. El lutin guiña un ojo y corre otra vez.
Las cuatro ríen. Saltan y bailan. El lutin dice: “Navidad es para jugar juntos.” Marina le da la mano al lutin. Todas se abrazan. Las luces brillan, el árbol sonríe. El lutin desaparece, pero deja una estrella de papel y un guiño, muy travieso y dulce.
“¡Feliz Navidad, amigas!”, susurran todas muy felices.