Una noche de Navidad, el pequeño lobo Lolo miró por la ventana. ¡Qué sorpresa! Un lutin farceur estaba allí, escondiendo regalos. "¡Jo, jo, jo!" rió el lutin, saltando detrás del árbol.
Lolo parpadeó. "¿Dónde están mis regalos?" preguntó. "¡Aquí, allá, en todos lados!" respondió el lutin, guiñando un ojo.
El lutin brincó al sofá. "¡Bajo el cojín!" susurró, escondiéndose. Lolo levantó el cojín. "¡Nada aquí!" dijo, riendo.
Lolo decidió jugar. "¡Te atraparé, lutin!" dijo. Corrió tras él, pero el lutin era rápido. "¡Zas!" desapareció detrás de la cortina.
"¡A la cocina!" pensó Lolo. Encontró una galleta y un lazo rojo. "¡Bingo!" dijo el lutin, asomándose por la puerta.
Lolo y el lutin rieron juntos. "¡Navidad es para reír!" dijo el lutin, dando un salto alegre.
"¡Gracias, lutin!" dijo Lolo. "¡Hasta pronto!" respondió el lutin, desapareciendo en un destello de luces.
Y así, Lolo entendió que el lutin quería regalar risas. Con el corazón lleno de alegría, Lolo se acurrucó, soñando con más travesuras mágicas.