Era noche de luz. La casa olía a galleta. Tres niñas juegan en la sala. Una se llama Ana. Otra se llama Lia. La otra se llama Sol. Todas tienen dos años. Ríen y aplauden.
De pronto llega un duende. Es un duende travieso de Navidad. Salta sobre un cojín. Hace chas. Hace plin. Las niñas miran. Sus ojos brillan. El duende sonríe. Lleva un gorro rojo. Lleva botas de campana.
El duende pone una bola en el árbol. La bola canta. "¡Toca!", dice Ana. "¡Mira!", dice Lia. "¡Baila!", dice Sol. El duende hace un giro. El árbol mueve un pie. Las bolas tintinean. Suena dulce.
Luego el duende esconde un zapato. Lo pone junto al pan. Las niñas buscan. "¿Dónde está?", dice Ana. El duende señala con el dedo. "Aquí", ríe. Sol lo encuentra y abraza su zapato. Todos aplauden.
Después el duende usa la bufanda. La pone a las muñecas. Les da calor. Lia pone su bufanda a un osito. Ana pone una galleta en la mesa. Sol canta una canción. El duende escucha y se sienta. Se acurruca con ellas.
La noche es suave. Las luces parpadean. Una estrella cuida la casa. El duende besa la frente de cada niña. Las niñas bostezan. Se duermen en el sofá. El duende apaga una luz con un beso y se despide en silencio.
La Navidad es risa, cariño y juegos. Moraleja: la alegría compartida hace la noche más cálida.