Lucas tiene cuatro años. Es noche de nieve. La casa brilla con luz. Hay un árbol con bolas. Hay una estrella en la cima. Lucas mira. Su cara es luz.
Mamá hornea pan y galleta. Papá cuelga una guirnalda. El gato duerme en la silla. Todo huele a canela. Lucas toma una galleta. Es tibia y rica.
«Mira», dice Mamá. «Ven». Lucas va a la sala. Hay un calcetín rojo junto al sofá. Lucas lo toca. Dentro hay una nota. La nota es corta. Dice: “Feliz Navidad”. Lucas sonríe. Él pone la nota en su mano.
Afueras cae la nieve en paz. Hace un sonido suave. Lucas ve huellas. Son pequeñas. Son de un reno. Lucas se asoma a la ventana. Ve una luz en el cielo. La luz baja. Es un trineo. No da miedo. Es silencio y gentil. Un duende salta y saluda. «Hola», dice el duende. «Traigo un regalo». El regalo es una bola de madera. Tiene pintas de color. Lucas la toma. Está cálida.
Lucas ve luces en la calle. Luces rojas y azules. Escucha un timbre. Son campanas. Mamá da un vaso de cacao. Lucas bebe. El cacao es dulce. Es tibio. Él ríe con voz clara. Todos miran la nieve y cantan y aplauden muy contentos.
Luego vuelve a la casa. Todos se abrazan. La abuela canta una canción de cuna. La canción es breve. Lucas cierra los ojos. Todo es paz y calor. La nieve sigue y la luz del árbol parpadea. Lucas sueña con risas y con la familia. Nadie está lejos. Todo problema se arregla con un abrazo y una galleta.
La Navidad es un abrazo que hace brillar el corazón.