En la mesa del salón vivía una tacita brillante llamada Lulú. Lulú era pequeñita y tenía un lazo rojo. Un día, ¡toc-toc! Alguien llamó a la ventana. Era el viento de invierno, que entró bailando, «¡brrr, qué frío!», dijo Lulú. Pero no tenía miedo, porque estaba con su amiga la cucharita.
Lulú miró alrededor. Todo brillaba. Las luces de colores decían «¡pip, pop, pip!» y la estrella del árbol guiñó un ojo. «¡Feliz Navidad, Lulú!», cantó la estrella. Lulú sonrió y saltó un poquito, «hop, hop». La cucharita se rió, «¡ja, ja!».
De repente, escucharon un suave «cric-crac». Era una galleta de jengibre despertando. «¡Hola, Lulú! ¿Jugamos?», dijo la galleta. Lulú y la cucharita dieron vueltas y vueltas, «zup, zup», alrededor del árbol. La galleta bailó también, «plim, plam».
Pronto, llegó la noche. Lulú, la cucharita y la galleta se abrazaron. «¡Qué día bonito!», dijo Lulú. Afuera, la nieve caía, «sss, sss», suave y blanca.
Todos juntos, sintieron el calor de la Navidad y se quedaron muy tranquilos.
La Navidad es más bonita cuando compartimos alegría y abrazos.