Leo tiene 4 años. Es Nochebuena. Afuera hay frío y el cielo brilla. Adentro, la casa está tibia y huele a pan dulce.
Leo mira el árbol. Tiene luces. Tiene bolas rojas. Tiene una estrella arriba. La luz hace puntitos en la pared.
«Hola, árbol», dice Leo.
«Hola, Leo», responde mamá, y le da un abrazo.
En la mesa hay galletas. También hay un vaso de leche. Leo pone una galleta más.
«Para Papá Noel», dice Leo.
Mamá asiente. «Sí, para él».
Leo escucha un “tin tin” suave. Mira la ventana. No ve nada malo. Solo ve nieve lenta. La nieve cae como plumas.
«¿Qué suena?», dice Leo.
Papá sonríe. «El viento y las campanas».
Leo se pone sus medias grandes, rojas y blandas. Las cuelga cerca del árbol. Una media se cae al suelo.
Leo la levanta rápido. «Ups», dice Leo.
Mamá ayuda. «Aquí, así». Y la media queda quieta.
Luego, papá enciende una vela pequeña. La llama es dorada. Hace una luz calma. Todos miran la llama un ratito.
«Feliz Navidad», dice papá.
«Feliz Navidad», responde Leo, y aplaude suave.
Su peluche, un osito, está en su cama. Leo lo toma y lo lleva al árbol.
«Mira, Osito, luces», dice Leo.
Más tarde, Leo se duerme. Sueña con risas y con nieve.
Por la mañana, Leo corre al árbol. En su media hay una cajita y una mandarina. También hay una nota con un dibujo de estrella.
Leo abraza a mamá y a papá. La casa brilla por dentro.
Moraleja: Cuando compartes con amor y calma, la Navidad se vuelve más dulce para todos.