Era noche de Navidad. La casa está quieta. Un niño pequeñito se llama Nico. Tiene dos años. Nico mira la luz del árbol. Luces rojas, azules y doradas. Brilla. Tic-tac, tic-tac. "Mira", dice mamá. "Oh", responde Nico.
Hay olor a galleta. Galletas en la mesa. Toc-toc suena la puerta. Es papá. Entra con un saco suave. "Hola", dice papá. Nico ríe. Hop, hop, salta en la cama. La casa canta una canción baja. La voz de mamá es cálida. La voz de papá es grave y dulce.
Nico pone una bola en el árbol. La bola hace plin. Plin, plin. La bola cae. Papá la recoge. "Gracias", dice mamá. Nico aplaude. Clap, clap. Un reno de peluche está al lado. El reno tiene ojos grandes. Nico le da un beso. Mmm, mmm.
La nieve toca la ventana. Pluf, pluf. Todo afuera está blanco. Nico mira y señala. "Nieve", dice. Papá tapa a Nico con una manta suave. La manta huele a lana. La luna mira. Todo es dulce.
En la mesa hay leche tibia. Nico bebe. Slurp, slurp. Luego mamá lee un cuento. Palabras cortas. Ritmo lento. Nico cierra los ojos. Una luz pequeña se queda encendida. Brilla como un beso.
Al final, la familia está junta. Nadie está lejos. Todos están cerca. Nico siente calor en su panza. Sonríe y bosteza. Papá y mamá cantan una canción muy suave. El gato ronronea. Purr, purr. Nico se duerme en brazos. Sueña con luces y con galletas.
La Navidad es un abrazo que brilla y te hace sentir seguro.