Leo y Nico tienen dos años. Es Nochebuena. Afuera hace frío, y adentro hay luz. La casa huele a galletas.
En el salón hay un árbol grande. Brilla, brilla. “¡Oh!”, dice Leo. “¡Oh!”, dice Nico. Las bolitas hacen “tin-tin” cuando las tocan con un dedo.
Mamá pone una manta suave. Papá enciende una vela pequeña. “Puf”, hace la cerilla. Todo se ve dorado.
Los niños llevan un gorro rojo. “Jo-jo”, dicen bajito, y se ríen. En la mesa hay leche tibia y dos galletas. “Ñam”, dice Nico.
Leo ve una campanita en el árbol. La campanita se cae: “clin”. Leo abre los ojos. Papá la recoge al momento y la pone en su mano. “Está bien”, dice. Leo sonríe. “Gracias”, dice.
Suena el reloj: “toc-toc”. Mamá canta suave. Los niños dan palmas: “pla-pla”. Luego ponen una estrellita arriba. Papá los alza: “hop”. La estrella queda recta. “¡Bien!”, responde Nico.
De pronto, una luz pequeña pasa por la ventana. “¡Mira!”, dice Leo. En el cielo caen copitos: “fiu-fiu”. Nico pega la nariz al vidrio. “Hola, nieve”, dice.
Todos se sientan juntitos. El árbol hace “tic-tic” con sus luces. Afuera, la nieve cae despacio. Adentro, el corazón está calentito.
Moraleja: En Navidad, compartir y cuidar las cosas con calma hace la casa más feliz.