En una casa llena de luces y adornos de colores, vivían tres niñitas: Ana, Bea y Carla. Era Nochebuena, y la nieve caía suavemente afuera, cubriendo todo de blanco. Ana, con su pijama rojo, miraba por la ventana. “¡Nieve, nieve!” decía feliz, mientras Bea y Carla aplaudían llenas de emoción.
En el salón, el árbol de Navidad brillaba con luces de muchos colores. Las niñas se acercaron al árbol y, de repente, escucharon un suave “¡Hola!” Asombradas, vieron a un pequeño duende, Pepo, que había salido de entre las ramas del árbol. Pepo tenía un sombrero verde y una sonrisa luminosa. “Soy Pepo, el duende navideño”, dijo con voz alegre.
“¡Pepo!” exclamaron las tres niñitas a la vez. Pepo sonrió y dijo: “Hoy vamos a descubrir la magia de la Navidad”. Ana, Bea y Carla aplaudieron con alegría.
Primero, Pepo les llevó a la cocina. En la mesa, había una bandeja de galletas con formas de estrellas. “¡Galletas!” gritó Ana. “Galletas para compartir con todos”, dijo Pepo. Las niñas entendieron que compartir era importante.
Luego, fueron al salón donde había una gran caja llena de juguetes. “Juguetes para donar”, explicó Pepo. “Así otros niños podrán jugar también”. Las niñas sonrieron, comprendiendo que dar era parte de la magia de la Navidad.
Por último, Pepo las llevó al cuarto donde estaba la chimenea. Allí, colocaron una manta suave y se sentaron juntas. “La Navidad es amor y estar con quienes queremos”, dijo Pepo.
Ana, Bea y Carla miraron a Pepo, asintiendo con sus cabecitas. "Amor", dijeron contentas. Pepo sonrió y con un guiño mágico, desapareció en una nube de polvo dorado.
Las niñas se abrazaron, felices de saber qué era la Navidad. La nieve seguía cayendo afuera, mientras en la casa había calor, amor y felicidad. Y así, con sus corazones llenos de alegría, se quedaron dormidas, soñando con la magia que habían descubierto esa noche especial.