Lucas cierra los ojos. La noche entra suave. La luz se apaga. Lucas dice: "miedo". Mamá está cerca. Papá también. Toc-toc en la puerta. Es solo el reloj. Tic-tac, tic-tac.
Lucas tiene dos años. Le teme a la oscuridad. Ve sombras en la pared. Su osito luce pequeño. Mamá prende una lucecita. "Mira", dice mamá. La luz es cálida. No pica. No hace daño. Hop, la luz brilla.
Papá se sienta en la cama. Cuenta con voz baja. "Hay estrellas aquí", dice. Señala la ventana. Se ven puntitos. Lucas señala con su dedito. "Guau", dice. El cuarto es calmo. Se oye un pajarito lejos: pío, pío.
Mamá trae la linterna. Es pequeña. "Vamos", dice mamá. Lucas la toma. La linterna hace un rayo. Alumbra el osito. Alumbra la pared. No hay monstruos. Solo cuadros y la estantería. Toc-toc, la puerta está cerrada.
Lucas da un paso. Su pie toca la manta. Se siente tibio. Papá canta una canción. La voz es un abrigo. Lucas sonríe. "Más luz", dice. Mamá sonríe. Más luz es ok. A veces la luz se apaga. Papá dice: "respiro, cuento, abrazo". Lucas respira. Uno, dos. Sus ojos se ponen suaves.
La noche sigue. Lucas no corre ni grita. Abre los brazos. Abraza al osito. Plouf, se acuesta. Cierra los ojos. La luz es un punto. Su pecho sube y baja lento. Tiene a mamá y a papá. Tiene su linterna. Tiene su osito.
Moraleja: Con paso chico y cariño, la oscuridad se vuelve amiga.