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Cuento de criatura divertida 7/8 años Lectura 16 min.

La linterna de las risas

Drilo, un dragón distraído, recorre el valle con su amiga Lila en busca de la risa, viviendo aventuras llenas de personajes y situaciones divertidas que le enseñan el valor de compartir la alegría.

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Drilo, un pequeño dragón alegre de escamas verde manzana y puntos azules, enciende en una tarima una minilámpara que proyecta escenas cómicas en humo; Lila, una libélula con gafas y un minicuaderno, aplaude desde su hombro derecho; a la izquierda, un vendedor de burritos —un burro con sombrero de copa— sostiene cartas coloridas y sonríe; junto a la tarima un pollito sale de un huevo en pose cómica; todo ocurre en un prado al atardecer con hierba suave, flores rayadas, guirnaldas entre hongos y mantas con mesas bajas, mientras la multitud de criaturas ríe y señala. reportar un problema con esta imagen

Capítulo 1: El dragón distraído

No muy lejos del bosque de Pompones y las colinas que saben a mermelada, vivía Drilo, un dragón pequeño y muy distraído. Drilo tenía escamas de color verde manzana con puntitos azules que brillaban cuando se reía. Sí, porque Drilo reía mucho. Su risa sonaba como una campana de viento con cosquillas.

Una mañana, Drilo se despertó con la idea más clara del mundo: iba a encontrar algo divertido. "¡Hoy será el día de la gran risa!", dijo saltando de su cama de hojas. Saltó tan rápido que su cola hizo cosquillas al sol y, de la sorpresa, soltó una pequeña nube de humo que olía a palomitas.

"¿Qué vas a encontrar?" preguntó su amiga Lila, la libélula que siempre lo seguía en sus aventuras. Lila llevaba gafas brillantes y una libreta donde apuntaba chistes nuevos.

"Algo que haga reír a todo el valle", dijo Drilo. "¿Me ayudas?" Lila aplaudió con sus alas: "¡Por supuesto! Pero recuerda no usar fuego, la última vez que cocinaste sopa en un charco terminamos con peces con sombrero."

Drilo se rascó la cabeza con una garra. "Oh, claro... sin sopa en charcos." Y emprendieron el camino, tropezando con honguitos que bostezaban y saludando a una señora ardilla que tejía bufandas de nubes.

En el sendero apareció un burrito con sombrero de copa que vendía mapas. "¡Mapas encantados! Te muestran dónde están las cosas que no buscabas", dijo el burrito. Drilo miró el mapa. "¡Perfecto! Si no sé qué busco, el mapa me lo dirá."

"¿Te costará una sonrisa?" preguntó el burrito guiñando un ojo.

Drilo pensó que eso era justo. Sonrió y el burrito le dio un mapa que tintineaba como campanitas. El mapa decía: "Sigue la risa, evita las lágrimas, gira donde canta la rama."

"¡Allá vamos!" gritó Drilo, y Lila tomó notas en su libreta: "Ruta de la risa: seguir mapa burrito, girar en rama cantante, evitar charcos con sombrero."

Mientras caminaban, Drilo tropezó otra vez y cayó en una pila de hojas que suspiraban. "¿Estás bien?" preguntó una hoja.

"Perfecto", dijo Drilo, aunque quería decir que sentía cosquillas por todas partes. Se levantó, sacudió sus escamas y, sin querer, estornudó. El estornudo fue tan grande que sopló un montón de flores que andaban en patines. Las flores se rieron, y la risa las llevó hacia una rama que, curiosamente, comenzó a cantar una canción de cumpleaños.

"¡Gira aquí!" exclamó Lila.

Drilo giró, resbaló y, al caer, su cola golpeó un montón de bellotas que rodaron como bolas de boliche. Una ardilla con gafas de sol gritó: "¡Mi bolera!" pero luego empezó a reír porque las bellotas intentaban imitar un molino.

"¡Estamos cerca!" dijo Drilo, despacio y contento. Su corazón dracónico latía como tambores de caramelo.

Capítulo 2: El concurso de cosas tontas

El mapa los llevó a un prado donde un letrero decía: "Bienvenidos al Concurso de Cosas Tontas. Participa y ríe." Miles de criaturas estaban reunidas: ranas con bufandas, gatos que dormían de pie, y hasta un caracol que contaba historias rápidas.

"¡Abramos una casilla!" dijo Lila. "Dice: 'Trae algo que no se haya visto antes en este valle'." Drilo buscó en su mochila. Tenía una cucharita, una media con rayas y un huevo que, según él, era de sorpresa. Pero nada le pareció suficientemente tonto.

"¿Y si hago una broma con mi humo?" sugirió Drilo. "Podría hacer humo de colores..."

"¡No, recuerda! No uses fuego", dijo Lila preocupada.

Drilo asintió y decidió improvisar. Subió a una pequeña colina y dijo con voz importante: "Amigos del valle, observen mi sorprendente acto." Se aclaró la garganta, tomó la cucharita, la media y el huevo. "Con esto haré..." Hizo una pausa dramática.

De pronto, el huevo se movió. Todos guardaron silencio. Se rompió... y saltó un pollito que llevaba un sombrerito. Pero no era un pollito cualquiera: era un pollito que sabia contar chistes de pingüinos.

"¿Qué hace un pingüino en medio del desierto?" preguntó el pollito con voz aguda.

"¿Qué?" murmuró la multitud.

"Se siente fuera de lugar", dijo el pollito y se echó a reír con su sombrero tambaleante. La multitud soltó una risa colectiva que hizo tambalear a un árbol. Drilo empezó a reír tanto que sus escamas brillaron.

"¡Eso es muy tonto!" dijo un cactus que aplaudía con su punta.

El jurado del concurso, compuesto por una tortuga con corbata y un búho con lupa, se acercó. "Interesante uso de un huevo", dijo la tortuga, moviendo la cabeza despacio. "Pero necesitamos algo aún más... absurdo."

"¡Tengo una idea!" exclamó Lila. "Haz que la cucharita cante y que la media baile."

Drilo miró a la cucharita. "¿Cantar? Pero solo sabe recoger sopa imaginaria."

"Inténtalo", dijo el búho con impaciencia.

Drilo sujetó la cucharita y le susurró: "Canta, por favor." Nada ocurrió. La cucharita parecía aburrida. Entonces Drilo decidió fingir que la cucharita cantaba. Empezó a moverla y a hacer la voz más chillona que pudo. "¡La cucharita canta 'Sol, sol, salchicha'!" gritó.

La media, inspirada, empezó a bailar alrededor de la cucharita, saltando como una lombriz con zapatillas. La media hizo giros, volteretas y terminó enrollándose en la cola de Drilo, que no pudo controlar la risa. La multitud se derrumbó de risa. Incluso la tortuga intentó reír pero solo consiguió una sonrisa lenta.

"¡Ganaron el segundo lugar por coordinación descabellada!" anunció el jurado. "Y un premio especial por creatividad accidental." Les dieron una caja envuelta en papel de luna.

"¡Qué sorpresa!" dijo Drilo, abriendo la caja con cuidado. Dentro había una linterna pequeñita que parpadeaba. En ella había un mensaje: "Para iluminar ideas tontas." Drilo la sostuvo y, sin querer, la linterna hizo un pequeño chisporroteo como si tuviera cosquillas.

"Eso es perfecto", dijo Lila. "Podrías usarla para tu búsqueda de la risa."

Drilo guardó la linterna en su mochila y ambos se sintieron orgullosos. "Hoy hemos hecho reír a todo el prado", dijo Drilo con el pecho hinchado. "Y nos queda la tarde entera."

Capítulo 3: El laberinto risueño

El mapa marcaba ahora un lugar llamado Laberinto Risueño. "Dicen que quien encuentra el centro del laberinto descubre un secreto muy tonto", explicó Lila, emocionada. "¡Vamos!"

Entraron y enseguida el laberinto comenzó a jugar. Las paredes estaban hechas de arbustos que contaban chistes malos y se movían para guiarlos a la derecha cuando no querían. "¡No sigan a la salida falsa!", gritó un arbusto con bigotes. "¡Esa salida te lleva a la montaña que canta ópera!"

Drilo y Lila siguieron adelante, tratando de leer los letreros que cambiaban de dirección. Un letrero decía "Sigue los pasos", y justo cuando Drilo puso su pie, una fila de hormigas comenzó a desfilar con sombrillas. "¡No, esas son hormigas modelo!", exclamó Drilo sorprendido.

Cada giro traía una escena nueva y todavía más tonta: árboles que pedían autógrafos, piedras que tartamudeaban chistes y una fuente que lanzaba burbujas que decían "¡plop!" al explotar. Drilo estaba encantado. "¡Esto es como un parque de diversiones para risas!", dijo.

En una curva encontraron una puerta diminuta a ras de suelo. "¿Quién puede entrar por ahí?" dijo Lila.

"Solo los que se agachen", dijo una voz. De la puerta salió un ratón con capa. "Soy el guardián de las cosas pequeñas pero ruidosas. Para pasar, cuéntame algo que te haga reír de verdad."

Drilo cerró los ojos y recordó el pollito con sombrero. "El pollito que contó chistes de pingüinos", dijo. El ratón sonrió y los dejó pasar. "Gracias por compartir. La risa pequeña es la más sincera."

Al avanzar, encontraron un gran espejo que mostraba no su reflejo normal, sino cómo serían si fueran payasos con bigotes de algodón. Drilo se miró y vio que su nariz se había convertido en una burbuja que explotaba en confeti cada vez que olía una flor. Lila se vio con antenas de confeti.

"¡Qué simpático!" exclamó Drilo, y se rió tan fuerte que el espejo le devolvió una carcajada en ecos.

Más adelante, el laberinto los llevó a un patio con una máquina que prometía inventar la risa perfecta. "Inserta una palabra graciosa", decía la máquina. Drilo puso la palabra "cosquillas" y la máquina empezó a zumbar. Salió un papelito con: "Risa número 42: risa con huevitos de sorpresa." Drilo y Lila se rieron hasta que les dolió el estómago.

Finalmente, llegaron al centro. No había trono ni corona, solo una piedra con forma de almohada que parecía susurrar. En la piedra había una inscripción: "La risa se comparte. La risa se enciende."

"¿Qué significa?" preguntó Lila.

Drilo abrió su mochila y vio la linterna pequeña. "Quizá... tal vez..." La linterna vibró como si entendiera todo. Drilo la sacó y la prendió. Un brillo cálido se derramó, pero en vez de luz común, la linterna proyectó pequeñas escenas chistosas: un sapo bailando con botas de agua, una nube volando en bicicleta, un pez leyendo un libro.

La piedra pareció contenta. "Así se enciende", murmuró, y el laberinto entero repitió un eco de risas. Drilo se miró con Lila y supieron que el secreto no era encontrar algo, sino iluminar lo que ya estaban compartiendo.

"¡Encendamos más risas!" dijo Drilo, y con la linterna iluminaron a las criaturas del laberinto. Todas empezaron a reír, aplaudir y a hacer piruetas.

Capítulo 4: La gran noche de la linterna

Al salir del laberinto, el sol se estaba poniendo y el valle se vestía de colores melocotón. "Deberíamos volver al prado", sugirió Lila. "Hay que mostrarles la linterna a los demás."

Regresaron y, en el prado, la gente se reunía para la fiesta de cierre. Había pasteles que rebosaban chistes, trompetas que tocaban notas chistosas y una banda de ranas con zapatillas. El concurso estaba por terminar y todos esperaban algo especial.

Drilo subió a un pequeño escenario de madera. "Amigos, tengo algo para compartir", anunció, sosteniendo la linterna. La multitud aplaudió. Drilo respiró hondo. Sus patas temblaban un poco, pero la linterna lo hacía sentir valiente.

"Esta linterna no sólo alumbra", dijo Lila, subiendo a su lado. "Hace que las pequeñas cosas sean gigantes en la risa."

Drilo giró el interruptor y la luz se extendió en una esfera brillante. En vez de deslumbrar, la luz llenó de imágenes y pequeños sonidos chistosos: pajaritos que tosían confeti, una nube que hiciera gorgoritos como una tetera, y una pareja de gatos que intentaba tocar la trompeta con la cola. Todo el prado se calló por un segundo y luego estalló en carcajadas limpias y felices.

"¡Esto es perfecto!" gritó la tortuga del jurado con lágrimas de risa en los ojos. "Nos dan el primer premio por felicidad."

Unos niños se acercaron a Drilo y le pidieron que les contara cómo había conseguido la linterna. Drilo relató la historia con muchas gesticulaciones, imitando al burrito y al pollito. Todos rieron y algunos incluso copiaron la voz del pollito.

Cuando la noche llegó, las estrellas comenzaron a asomarse como botones sobre una manta oscura. Drilo pensó en la linterna y en cómo había encendido tantas risas. Sostuvo la linterna alto y dijo: "Si la risa es una luz, entonces la compartimos como si fuera una vela. ¡Que nadie se quede en la oscuridad aburrida!"

La gente se juntó y, uno por uno, cada criatura encendió una pequeña vela que se había traído. Las velas chispearon y crearon un sendero de lucecitas que fueron del prado hasta el laberinto y más allá. La linterna de Drilo brilló en el centro, más cálida que una sábana recién lavada.

Un viento suave sopló y Lila escribió en su libreta: "Hoy: linterna que hizo reír al valle. Lección: reír es contagioso, como un abrazo con cosquillas." Drilo sonrió. Su risa burbujeó y tentó a las luciérnagas a unirse. Las luciérnagas formaron letras en el aire que decían: "RISA".

La música sonó, las criaturas bailaron y todos compartieron pastelitos que soltaban confeti al morderlos. El burrito del mapa tocó un tambor con una pata y cantó una canción que hablaba de medias bailarinas y cucharas cantoras. Nadie discutió, nadie lloró, todos estaban ocupados sonriendo.

Antes de ir a dormir, Drilo y Lila se sentaron en una colina, mirando las velas y las estrellas. "¿Sabes?" dijo Drilo suavemente. "Pensé que tenía que buscar la risa como si fuera un tesoro escondido. Pero era más hermoso encontrar que la risa vive en todos nosotros y solo hay que encenderla."

"Y tú la encendiste", dijo Lila, mirándolo con cariño.

Drilo sostuvo la linterna con cuidado. La luz no era grande ni brusca, pero era cálida, juguetona y, sobre todo, contenta. "Siempre la llevaré conmigo", prometió.

Lila bostezó. "Yo también", dijo. "Y mañana escribo todos los chistes que hemos visto."

Drilo apoyó su cabeza en la rodilla de Lila y cerró los ojos. Afuera, el valle seguía riendo a medias, como quien cuenta un secreto tremendo. La linterna parpadeó una vez más, como un guiño, y entonces su luz se encendió con más fuerza, iluminando la colina entera.

"Buenas noches", murmuró Drilo. "Buenas noches", respondió Lila.

La linterna brilló, no solo como una luz, sino como una promesa: que siempre habrá algo que haga reír, y que la risa, encendida, puede iluminar incluso las noches más tranquilas. Y así, entre risas y bostezos felices, la gran noche terminó con la linterna encendida, guardando todos los chistes y las sonrisas en su luz cálida.

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Distraído
Que se distrae con facilidad y no presta atención por mucho tiempo.
Escamas
Placas finas que cubren la piel de animales como los peces y los dragones.
Campana de viento
Objeto que suena cuando pasa el aire y hace un sonido suave y tintineante.
Cosquillas
Sensación que hace reír cuando alguien toca una parte del cuerpo.
Libélula
Insecto con cuerpo largo y alas finas que vuela sobre el agua.
Sombrero de copa
Sombrero alto y elegante que se usa en ocasiones formales.
Mapas encantados
Mapas mágicos que muestran lugares o cosas de manera especial.
Tintineaba
Sonido que hace algo pequeño al chocar, como campanitas.
Bolas de boliche
Esferas que se usan en el juego de bolos para derribar los pinos.
Jurado
Grupo de personas que decide o juzga quién ganó un concurso.
Guardián
Persona o animal que cuida y protege un lugar o cosa.
Inscripción
Texto escrito en una piedra, placa o lugar para dar una idea o nombre.
Proyectó
Lanzó una imagen o luz sobre una superficie para que todos la vean.
Carcajada
Risa fuerte y sonora que sale de repente.
Melocotón
Fruta dulce y jugosa con piel suave y color anaranjado.
Luciérnagas
Insectos que brillan en la oscuridad con lucecitas en su cuerpo.

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