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Cuento de criatura divertida 7/8 años Lectura 8 min. Disponible en audiocuento (1)

el fantasma risueño y el caramelo mágico de nubelandia

Gasparín, el fantasma risueño de Nubelandia, se embarca en una divertida aventura para encontrar el caramelo risueño, enfrentándose a caramelos traviesos y peces bromistas, mientras descubre que la verdadera magia de la risa se comparte con los demás.

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Un pequeño fantasma llamado Gasparín, con mejillas rosas y ojos brillantes como caramelos, flota alegremente en el aire, riendo a carcajadas. Su forma es suave y redondeada, con una ligera brisa que hace ondear su tela translúcida. A su lado, un dragón de nata llamado Gusi, con una gran sonrisa y un bigote de azúcar, vuela haciendo piruetas, sus escamas brillantes destellando bajo el sol. El escenario es un paisaje de ensueño de Nubelandia, donde nubes esponjosas de todos los colores se entrelazan y árboles de algodón de azúcar bailan al ritmo del viento. En el centro, un lago brillante de burbujas multicolores refleja el cielo azul, creando una atmósfera mágica y alegre. La escena muestra a Gasparín y Gusi riendo juntos, rodeados de nubes que parecen sonreír, mientras peces coloridos saltan fuera del agua, salpicando gotas de alegría. Es un momento de pura felicidad y camaradería, donde la magia de la risa une a todas las criaturas de Nubelandia. reportar un problema con esta imagen

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DuraciĂłn del audiocuento: 07:57

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Capítulo 1: El problema del fantasma risueño

En una esquina reluciente y divertida del universo, existía un lugar llamado Nubelandia. Todo estaba hecho de nubes esponjosas y de colores pastel que flotaban tranquilamente, aunque a veces alguna se fugaba y se formaba una pequeña montaña de algodón en el cielo. En Nubelandia vivían unas criaturas realmente curiosas: dragones de nata, gatos de confeti, duendes peludos y, cómo no, fantasmas traviesos.

Nuestro protagonista era un fantasmita llamado Gasparín. Gasparín no era un fantasma cualquiera: en lugar de asustar, reía tanto que los demás fantasmas le llamaban el fantasma risueño. Gasparín tenía unos mejillones rosados (sí, mejillones, porque nunca recordaba “mejillas”) y unos ojos chispeantes, como caramelos de limón. Lo que más le gustaba era hacer cosquillas a las nubes para que llovieran gotas de zumo de fresa.

Un día, mientras Gasparín deslizaba volteretas sobre una nube gigante de chicle, se enteró de un secreto espectacular: en el centro de Nubelandia estaba escondido el caramelo risueño, un dulce mágico que al probarlo te hacía reír a carcajadas durante todo un día. ¡Y no sólo eso! Decían que quien lo encontrara sería el fantasma más divertido de Nubelandia.

Gasparín se animó tanto que casi se enreda en su propia sábana transparente. —¡Tengo que encontrar ese caramelo! —gritó, y enseguida se puso en marcha, flotando como una burbuja alegre.

CapĂ­tulo 2: Los caramelos en huida y el dragĂłn de nata

Gasparín flotaba por los caminos de nube, saludando a todo el mundo. En el primer cruce se encontró con Gusi, un dragón de nata con bigote de azúcar glasé.

—¡Hola, Gasparín! ¿Adónde vas tan deprisa? ¿Estás corriendo una carrera contra una nube de tormenta?

—¡Ni hablar! —contestó Gasparín riéndose—. Busco el caramelo risueño. ¿Sabes dónde está?

Gusi entrecerrĂł los ojos y estornudĂł. De su hocico salieron trocitos de nata que chocaron con una nube baja, y la nube empezĂł a reĂ­rse con una voz aguda.

—Dicen que el caramelo está bien escondido en la Montaña Espumosa —dijo Gusi—, pero ten cuidado: cerca de allí viven los caramelos en huida. ¡Son muy pegajosos y les encanta jugar a las escondidas!

Gasparín le dio las gracias y siguió su camino. Pronto llegó a un bosque de algodón de azúcar donde los árboles se movían como si bailaran una polca.

De repente, Gasparín escuchó risitas y vio muchos caramelos de colores saltando entre los matorrales de confeti. Cuando Gasparín trató de atrapar uno, los caramelos se le escapaban y, al rozar su sábana, se le pegaban al “culo” de fantasma, haciéndole cosquillas.

—¡Ay, ay, ay! ¡Que me derrito de risa! —gritaba Gasparín, rodando por el aire mientras los caramelos le hacían más y más cosquillas.

Al final, se le quedĂł pegado un caramelo azul con lunares. El caramelo le susurrĂł:

—La risa está en el centro de Nubelandia, pero tienes que pasar por el Lago Burbujeante primero. Y cuidado con los peces bromistas.

GasparĂ­n le dio las gracias (aunque seguĂ­a pegajoso) y flotĂł hacia el lago.

Capítulo 3: Peces burlones y la nube del revés

El Lago Burbujeante tenía burbujas de todos los tamaños, algunas formaban sombreros y otras barbas de burbujas. Gasparín se asomó y… ¡plop! Un pez naranja saltó y le plantó una burbuja en la nariz.

—¡Cuidado, fantasmita! —rió el pez—. Aquí no se puede pasar sin responder una pregunta chistosa.

—Dispara, pececito —dijo Gasparín, que adoraba los acertijos divertidos.

—¿Qué le dice una nube a otra nube? —preguntó el pez, guiñando un ojo.

GasparĂ­n pensĂł y pensĂł, y de repente dijo:

—¡Nos vemos en la próxima tormenta!

Todos los peces del lago se rieron y aplaudieron con las aletas. El pez naranja le dio paso y GasparĂ­n cruzĂł el lago flotando por encima de miles de burbujas.

Al otro lado del lago, Gasparín se encontró con Nubi, la nube del revés. Era una nube que flotaba boca abajo y sus gotas de lluvia caían hacia arriba.

—¿Buscas algo delicioso? —preguntó Nubi mientras una gota de limón le volvía a la cabeza.

—Sí, Nubi, ¡el caramelo risueño! —respondió Gasparín.

—¡Súbete a mi barriga de nube y te llevo al centro de Nubelandia! Pero tendrás que aguantar mis cosquillas voladoras —le advirtió Nubi.

Gasparín, valiente, subió a Nubi. Rápidamente, la nube empezó a girar y a bailar. El viento le hacía cosquillas y Gasparín no podía parar de reír. Rió tanto que casi se le olvida a dónde iba, pero, de repente, vio una luz enorme y brillante en el centro de Nubelandia.

Capítulo 4: El caramelo risueño y la gran carcajada

Allí, en el centro mismo de Nubelandia y rodeado de arcoíris chispeantes, Gasparín vio un pedestal de galleta con el caramelo risueño encima. El caramelo era enorme, con rayas de colores y una sonrisa dibujada con azúcar.

Gasparín quiso coger el caramelo, pero, de repente, una voz salió de detrás del pedestal.

—¡Alto ahí, fantasmita! ¿Estás preparado para la risa más grande del universo?

Era un duende peludo con gorro de helado.

—¡Por supuesto! —dijo Gasparín, aunque ya le temblaban las “mejillones” de la emoción.

El duende agarrĂł el caramelo, lo partiĂł en dos y le entregĂł la mitad a GasparĂ­n.

—La risa se disfruta más cuando se comparte —le explicó.

Gasparín probó el caramelo. Primero sintió cosquillas en la punta de sus dedos fantasmales, luego en la nariz, luego en la barriga… y, ¡de pronto!, soltó una carcajada tan grande que las nubes a su alrededor empezaron a rebotar, los caramelos en huida bailaron una sardana y los peces del lago hicieron pompas en forma de elefante.

Pronto, toda Nubelandia se contagió de esa risa mágica. Los gatos de confeti maullaron de alegría, los dragones de nata volaron haciendo piruetas y hasta el duende peludo tropezó con su propio gorro de helado de tanto reír.

Gasparín comprendió entonces que la verdadera magia del caramelo risueño no era reír solo, sino hacer que todos se rieran juntos y pasaran el mejor día de sus vidas.

Y asĂ­, cada vez que GasparĂ­n pasaba por Nubelandia, las nubes se preparaban: sabĂ­an que vendrĂ­a una nueva aventura y que, seguro, terminarĂ­a con una gran carcajada flotando suave, como una pluma, por todo el cielo.

Y, por supuesto, después de tantas risas, Gasparín seguía siendo el fantasma risueño más célebre de Nubelandia… y el que mejor sabía contar chistes de nubes y caramelos.

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Protagonista
El personaje principal de una historia.
Caramelo
Un dulce de azĂşcar que se puede comer, a menudo con sabor y color.
Cosquillas
SensaciĂłn divertida que se siente al tocar ciertas partes del cuerpo, que puede hacer reĂ­r.
Derrito
Cuando algo se convierte en lĂ­quido debido al calor, como el helado en un dĂ­a caluroso.
Acertijos
Preguntas o problemas que se deben resolver, a menudo de manera ingeniosa o divertida.
ArcoĂ­ris
Un fenómeno óptico que forma un arco de colores en el cielo, generalmente después de la lluvia.

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