CapĂtulo 1: El problema del fantasma risueño
En una esquina reluciente y divertida del universo, existĂa un lugar llamado Nubelandia. Todo estaba hecho de nubes esponjosas y de colores pastel que flotaban tranquilamente, aunque a veces alguna se fugaba y se formaba una pequeña montaña de algodĂłn en el cielo. En Nubelandia vivĂan unas criaturas realmente curiosas: dragones de nata, gatos de confeti, duendes peludos y, cĂłmo no, fantasmas traviesos.
Nuestro protagonista era un fantasmita llamado GasparĂn. GasparĂn no era un fantasma cualquiera: en lugar de asustar, reĂa tanto que los demás fantasmas le llamaban el fantasma risueño. GasparĂn tenĂa unos mejillones rosados (sĂ, mejillones, porque nunca recordaba “mejillas”) y unos ojos chispeantes, como caramelos de limĂłn. Lo que más le gustaba era hacer cosquillas a las nubes para que llovieran gotas de zumo de fresa.
Un dĂa, mientras GasparĂn deslizaba volteretas sobre una nube gigante de chicle, se enterĂł de un secreto espectacular: en el centro de Nubelandia estaba escondido el caramelo risueño, un dulce mágico que al probarlo te hacĂa reĂr a carcajadas durante todo un dĂa. ¡Y no sĂłlo eso! DecĂan que quien lo encontrara serĂa el fantasma más divertido de Nubelandia.
GasparĂn se animĂł tanto que casi se enreda en su propia sábana transparente. —¡Tengo que encontrar ese caramelo! —gritĂł, y enseguida se puso en marcha, flotando como una burbuja alegre.
CapĂtulo 2: Los caramelos en huida y el dragĂłn de nata
GasparĂn flotaba por los caminos de nube, saludando a todo el mundo. En el primer cruce se encontrĂł con Gusi, un dragĂłn de nata con bigote de azĂşcar glasĂ©.
—¡Hola, GasparĂn! ÂżAdĂłnde vas tan deprisa? ÂżEstás corriendo una carrera contra una nube de tormenta?
—¡Ni hablar! —contestĂł GasparĂn riĂ©ndose—. Busco el caramelo risueño. ÂżSabes dĂłnde está?
Gusi entrecerrĂł los ojos y estornudĂł. De su hocico salieron trocitos de nata que chocaron con una nube baja, y la nube empezĂł a reĂrse con una voz aguda.
—Dicen que el caramelo está bien escondido en la Montaña Espumosa —dijo Gusi—, pero ten cuidado: cerca de allà viven los caramelos en huida. ¡Son muy pegajosos y les encanta jugar a las escondidas!
GasparĂn le dio las gracias y siguiĂł su camino. Pronto llegĂł a un bosque de algodĂłn de azĂşcar donde los árboles se movĂan como si bailaran una polca.
De repente, GasparĂn escuchĂł risitas y vio muchos caramelos de colores saltando entre los matorrales de confeti. Cuando GasparĂn tratĂł de atrapar uno, los caramelos se le escapaban y, al rozar su sábana, se le pegaban al “culo” de fantasma, haciĂ©ndole cosquillas.
—¡Ay, ay, ay! ¡Que me derrito de risa! —gritaba GasparĂn, rodando por el aire mientras los caramelos le hacĂan más y más cosquillas.
Al final, se le quedĂł pegado un caramelo azul con lunares. El caramelo le susurrĂł:
—La risa está en el centro de Nubelandia, pero tienes que pasar por el Lago Burbujeante primero. Y cuidado con los peces bromistas.
GasparĂn le dio las gracias (aunque seguĂa pegajoso) y flotĂł hacia el lago.
CapĂtulo 3: Peces burlones y la nube del revĂ©s
El Lago Burbujeante tenĂa burbujas de todos los tamaños, algunas formaban sombreros y otras barbas de burbujas. GasparĂn se asomĂł y… ¡plop! Un pez naranja saltĂł y le plantĂł una burbuja en la nariz.
—¡Cuidado, fantasmita! —rió el pez—. Aquà no se puede pasar sin responder una pregunta chistosa.
—Dispara, pececito —dijo GasparĂn, que adoraba los acertijos divertidos.
—¿Qué le dice una nube a otra nube? —preguntó el pez, guiñando un ojo.
GasparĂn pensĂł y pensĂł, y de repente dijo:
—¡Nos vemos en la próxima tormenta!
Todos los peces del lago se rieron y aplaudieron con las aletas. El pez naranja le dio paso y GasparĂn cruzĂł el lago flotando por encima de miles de burbujas.
Al otro lado del lago, GasparĂn se encontrĂł con Nubi, la nube del revĂ©s. Era una nube que flotaba boca abajo y sus gotas de lluvia caĂan hacia arriba.
—¿Buscas algo delicioso? —preguntĂł Nubi mientras una gota de limĂłn le volvĂa a la cabeza.
—SĂ, Nubi, ¡el caramelo risueño! —respondiĂł GasparĂn.
—¡Súbete a mi barriga de nube y te llevo al centro de Nubelandia! Pero tendrás que aguantar mis cosquillas voladoras —le advirtió Nubi.
GasparĂn, valiente, subiĂł a Nubi. Rápidamente, la nube empezĂł a girar y a bailar. El viento le hacĂa cosquillas y GasparĂn no podĂa parar de reĂr. RiĂł tanto que casi se le olvida a dĂłnde iba, pero, de repente, vio una luz enorme y brillante en el centro de Nubelandia.
CapĂtulo 4: El caramelo risueño y la gran carcajada
AllĂ, en el centro mismo de Nubelandia y rodeado de arcoĂris chispeantes, GasparĂn vio un pedestal de galleta con el caramelo risueño encima. El caramelo era enorme, con rayas de colores y una sonrisa dibujada con azĂşcar.
GasparĂn quiso coger el caramelo, pero, de repente, una voz saliĂł de detrás del pedestal.
—¡Alto ahĂ, fantasmita! ÂżEstás preparado para la risa más grande del universo?
Era un duende peludo con gorro de helado.
—¡Por supuesto! —dijo GasparĂn, aunque ya le temblaban las “mejillones” de la emociĂłn.
El duende agarrĂł el caramelo, lo partiĂł en dos y le entregĂł la mitad a GasparĂn.
—La risa se disfruta más cuando se comparte —le explicó.
GasparĂn probĂł el caramelo. Primero sintiĂł cosquillas en la punta de sus dedos fantasmales, luego en la nariz, luego en la barriga… y, ¡de pronto!, soltĂł una carcajada tan grande que las nubes a su alrededor empezaron a rebotar, los caramelos en huida bailaron una sardana y los peces del lago hicieron pompas en forma de elefante.
Pronto, toda Nubelandia se contagiĂł de esa risa mágica. Los gatos de confeti maullaron de alegrĂa, los dragones de nata volaron haciendo piruetas y hasta el duende peludo tropezĂł con su propio gorro de helado de tanto reĂr.
GasparĂn comprendiĂł entonces que la verdadera magia del caramelo risueño no era reĂr solo, sino hacer que todos se rieran juntos y pasaran el mejor dĂa de sus vidas.
Y asĂ, cada vez que GasparĂn pasaba por Nubelandia, las nubes se preparaban: sabĂan que vendrĂa una nueva aventura y que, seguro, terminarĂa con una gran carcajada flotando suave, como una pluma, por todo el cielo.
Y, por supuesto, despuĂ©s de tantas risas, GasparĂn seguĂa siendo el fantasma risueño más cĂ©lebre de Nubelandia… y el que mejor sabĂa contar chistes de nubes y caramelos.