Luna es una niña de cuatro años. Tiene el pelo rizado y lleva unas botas amarillas que suenan “chof, chof” al caminar. Hoy ha llovido y el aire huele a limpio. Luna sale al jardín con su osito de peluche, que se llama Coco.
Luna mira alrededor. El césped está brillante y hay una gran flaque en el centro del jardín. Es una flaque redonda y muy brillante. “¿Cuánto mide esta flaque?”, pregunta Luna. “No lo sé”, responde Coco, con voz divertida.
Luna se acerca despacito. “Voy a investigar”, dice. Mira la flaque. Se ve su cara reflejada. “¡Hola, Luna del agua!”, dice riendo. Toca el agua con la punta de su bota. El agua hace círculos pequeños. “¿Será honda o será baja?”, pregunta.
De pronto, ve a su vecina, Ana, que sale con su sombrero rojo. Ana tiene la piel oscura y una gran sonrisa. “¿Quieres explorar la flaque conmigo?”, pregunta Luna. Ana asiente y le da la mano.
Juntas piensan cómo saber si la flaque es honda. “Puedo meter mi palito”, dice Ana, y busca un palo largo. Lo mete despacito. El palo no se hunde mucho. “No es muy honda”, dice Ana.
Luna salta dentro de la flaque con cuidado. Hace “chof, chof”. El agua no cubre las botas. Luna se ríe. “¡Es bajita! ¡No me mojo los calcetines!” Ana entra también. Las dos saltan y salpican gotas de agua. Coco mira desde el borde, seguro y contento.
De repente, el pato Tomás se acerca caminando. Es un pato amarillo, pequeño y un poco torpe. Se resbala y cae de plumas en la flaque. Las niñas se ríen, pero corren rápido a ayudarlo. Lo levantan con cuidado. “¿Estás bien, Tomás?”, pregunta Luna. Tomás mueve las alas y hace “cuac, cuac”. Está bien y contento.
Ana le dice a Luna: “Qué divertido es explorar juntas. Tú eres valiente, yo soy curiosa, y Tomás es gracioso”. Luna sonríe y dice: “Sí, todos somos diferentes, pero juntos podemos hacer cosas geniales”.
Luna mira la flaque. El agua brilla con los colores del arcoíris. “Hoy la flaque fue una gran aventura”, dice. “Sí”, responde Ana, “y mañana podremos explorar otra cosa”.
El sol sale entre las nubes y calienta la cara de Luna. Está feliz, sucia y tranquila. Da la mano a Ana y coge a Coco. Juntas caminan, dejando huellas mojadas en el césped, pensando en el siguiente gran juego.
Mamá llama desde la ventana: “¡Hora de merendar!” Luna mira a sus amigos y dice: “Vamos, la próxima aventura nos espera después del pan con chocolate”.
Y así, con risas y pasos saltarines, Luna termina su día, sabiendo que, con amigos y curiosidad, cada día puede ser una aventura maravillosa.