Había una vez un oso pequeño llamado Bruno. Bruno era curioso y le encantaba explorar, siempre con su bufanda azul en el cuello y una gran sonrisa. Vivía cerca de una colina verde y suave, llena de flores de colores y mariposas saltarinas. Un día, Bruno miró la colina y pensó: «¡Hoy quiero subir hasta arriba!»
Bruno se puso sus botas rojas y fue a buscar a su amiga la ardilla, que se llamaba Lila. Lila tenía una cola esponjosa y un gran corazón. Siempre decía: «¡Juntos llegamos más lejos!»
Bruno le preguntó: «¿Quieres venir conmigo a la colina?»
Lila dio un salto y dijo: «¡Sí! Pero si encontramos algo difícil, lo resolvemos juntos.»
Los dos amigos empezaron a caminar. El suelo era blando y olía a hierba fresca. Muy pronto, encontraron un charco grande que cubría el camino. Bruno pensó y pensó, y entonces tuvo una idea. «Vamos a saltar de piedra en piedra», dijo.
Lila sonrió y juntos saltaron, primero Bruno, luego Lila. ¡Plaf, plaf! Rieron mucho al llegar al otro lado, con los bigotes mojados pero contentos.
Más arriba, la colina tenía ramas bajas. Lila era pequeña y pasaba fácil, pero Bruno era grandote. Bruno se agachó, pero una rama le rozó la bufanda. «Oh no, mi bufanda se engancha», dijo Bruno.
Lila fue rápida. Subió a la rama y la levantó un poquito. «Ya está, Bruno, pasa ahora», dijo Lila. Bruno pasó despacio y su bufanda quedó libre. Los dos aplaudieron y siguieron.
Al poco, encontraron a un topo dormido en medio del sendero. No querían molestarlo. Bruno pensó en una solución. Caminó de puntillas, muy despacio, y Lila lo imitó. No hicieron ni un ruido, y el topo siguió soñando.
Ya casi arriba, Bruno se cansó. Sus patitas estaban pesadas. Se sentó y suspiró. Lila le ofreció una bellota de merienda. «Descansa un poquito. Luego seguimos juntos.» Bruno comió y se sintió fuerte otra vez. Se abrazaron.
Por fin, llegaron a la cima de la colina. El viento era suave y se veían muchos árboles y flores abajo. Bruno aplaudió. Lila hizo una voltereta. «¡Lo logramos juntos!», dijeron los dos.
Se tumbaron en la hierba y miraron las nubes. Bruno pensó: «Con amigos y buenas ideas, todo es posible.» Se sintieron felices y seguros, listos para nuevas aventuras, pero primero, una buena siesta bajo el sol.