Era una noche de Navidad. La nieve caía suave, suave como algodón. Una pequeña niña llamada Ana miraba por la ventana. Ana vivía en una casa grande, muy grande, con muchos niños. Era un orfanato.
Ana miró al cielo y vio una estrella brillante, muy brillante. "¡Oh, qué estrella tan bonita!" dijo Ana con una sonrisa. De repente, la estrella comenzó a bajar, bajó y bajó hasta llegar al jardín.
La estrella se convirtió en un duendecillo alegre y verde. "¡Hola, Ana!" saludó el duendecillo. "Soy Estrellín. ¿Quieres ver la magia de la Navidad?"
Ana aplaudió emocionada. "¡Sí, sí, por favor!"
Estrellín tomó la mano de Ana. Juntos caminaron por el jardín nevado. "La Navidad es dar y compartir", explicó Estrellín. "Vamos a llevar alegría a todos los niños."
Ana y Estrellín entraron en la casa. "¡Despierten, despierten!" llamaron a los niños. Y todos los niños se despertaron con sonrisas.
Ana y Estrellín decoraron un árbol grande, muy grande. Colgaron bolas de colores y luces brillantes. "¡Qué bonito!" decían los niños, tocando las luces.
Luego, Ana y Estrellín prepararon galletas dulces, deliciosas galletas. Todos los niños comieron y rieron. "¡Mmm, qué ricas!" decían.
Estrellín sonrió a Ana. "Tú hiciste que esta noche sea mágica", dijo. Ana miró alrededor. Vio sonrisas, risas y felicidad. "La Navidad es amor", pensó Ana.
Al final de la noche, Estrellín volvió a ser una estrella en el cielo. "¡Adiós, Ana! ¡Feliz Navidad!" y subió, subió y subió.
Ana regresó a su cama con una sonrisa suave. "Feliz Navidad", susurró y cerró sus ojos. La magia de la Navidad llenó su corazón de amor y alegría. Y así, todos los sueños fueron dulces y felices. Fin.