Había una vez, en una aldea africana, un joven llamado Kofi. Kofi vivía cerca de un río que cantaba al pasar. Cada mañana, Kofi iba al río a jugar. Un día, encontró una piedra brillante en la orilla. "¡Mira qué piedra tan bonita!", dijo Kofi, y la guardó en su bolsillo.
Kofi caminó por el bosque, donde los árboles bailaban con el viento. Las aves cantaban y el sol brillaba. De repente, Kofi vio un pequeño elefante que parecía triste. "¿Por qué estás triste?", preguntó Kofi. El elefante respondió: "Perdí mi piedra mágica".
Kofi pensó en la piedra que había encontrado. La sacó de su bolsillo y la mostró al elefante. "¿Es esta tu piedra?", preguntó. El elefante sonrió y dijo: "¡Sí, gracias, Kofi!".
Kofi devolvió la piedra al elefante. El elefante feliz levantó su trompa y tocó una melodía dulce. "Gracias, amigo", dijo el elefante, y le dio a Kofi una pluma dorada.
Kofi regresó a casa, contento por ayudar a su nuevo amigo. Y así, el río siguió cantando, y el sol siguió brillando.
Siempre es bueno ayudar a los amigos.