Había una vez, en un hermoso pueblo de África, una mujer llamada Amina. Amina amaba la naturaleza. Cada día, decía: "El sol brilla, las flores cantan".
Un día, Amina decidió caminar por el bosque. "¡Mira, un árbol grande!", exclamó. "Los pájaros viven aquí, son felices". Amina escuchó el canto de los pájaros y sonrió.
Amina llegó a un río. "El agua es fresca", dijo. "Los peces nadan, son amigos". Amina jugó con el agua y se sintió alegre.
En su camino, Amina conoció a muchos animales. "¡Hola, tortuga!", dijo. "¿Cómo estás?" La tortuga respondió: "Estoy bien, Amina. La naturaleza es nuestra casa".
Amina aprendió que todos deben cuidarse. "Cuidemos la tierra, cuidemos el agua", decía.
Al volver al pueblo, Amina contó su aventura. Todos escucharon con atención. "La naturaleza es un tesoro", dijeron. Y Amina sonrió, porque sabía que juntos, todos serían guardianes de la tierra.