Capítulo 1: Un saludo que hace cosquillas
En la carpa grande y colorida del Circo Pompón, todo olía a palomitas y a algodón de azúcar. Las luces bailaban en lo alto y el suelo crujía bajo los pies pequeños de Nico, un niño de cinco años con pecas en la nariz y un brillo curioso en los ojos.
Nico tenía una idea tan divertida en la cabeza que casi se le escapaba de la boca. Quería inventar un saludo especial, un saludo de circo, pero no uno cualquiera: ¡un saludo en TRÍO!
Su mejor amiga, Lila, era equilibrista. Siempre andaba saltando, incluso cuando no había cuerda floja. El otro amigo de Nico, Tomás, era el rey del diabolo. Hacía girar el trompo en el aire y, algunas veces, hasta lo atrapaba con la nariz.
—Tengo una idea loca —susurró Nico, guiñando un ojo—. ¿Por qué no inventamos un saludo para los tres? Uno que nadie más sepa.
Lila saltó tan alto de emoción que casi se mete en una caja de payasos. Tomás dejó caer el diabolo (¡por suerte, sin romper nada!) y abrió los ojos como dos focos.
—¡Sí! —gritaron los dos al mismo tiempo.
Nico se puso en medio de sus amigos y dijo:
—Yo empiezo. Primero, ponemos la mano derecha en la cabeza, la izquierda en la barriga, damos una vuelta... ¡y decimos “¡Pompón!” con voz de trompeta!
Los tres lo intentaron. Lila se enredó con las manos y Tomás se olvidó de girar, pero fue tan divertido que no paraban de reír.
—¡Otra vez! —pidió Tomás, intentando no pisar su diabolo.
Esta vez, Lila propuso añadir un salto de rana. Nico se cayó de risa y Tomás hizo un trompazo con el diabolo, que fue a parar a un sombrero de payaso.
—¡Perfecto! —dijo Nico—. Un saludo así solo puede existir en nuestro circo.
Así, entre risas y saltos, nació el saludo en trío más disparatado del Circo Pompón.
Capítulo 2: El gran ensayo del falso serio
A la mañana siguiente, Nico tenía una misión: practicar el “entrenamiento al falso serio”. Había visto a los payasos hacerlo. Ponían cara de adultos importantes, pero luego hacían cosas tan tontas que daban vueltas de la risa.
Nico se miró en el espejo de camerino. Se peinó el flequillo, se puso la nariz roja de plástico y ensayó:
—¡Atención, damas y caballeros! —dijo con voz grave, como si leyera un libro muy gordo—. Ahora, el gran número del saludo secreto.
Intentó no sonreír, pero la nariz le hacía cosquillas. Se mordió los labios para aguantarse la risa. En ese momento entró su amigo Tomás, rodando su diabolo como si fuera una rueda mágica.
—¿Qué haces, Nico? —preguntó Tomás, con la boca llena de caramelos.
—¡Estoy ensayando el falso serio! —explicó Nico, intentando parecer muy importante.
Tomás también quiso probar. Se puso de pie, agarró el diabolo y, con voz de adulto, anunció:
—¡El diabolo más serio del mundo va a volar sin reírse!
Pero al lanzar el diabolo al aire, se le cayó en el hombro y rebotó en el suelo con un “¡plonk!” tan gracioso que los dos rodaron de la risa.
En ese momento, Lila apareció haciendo una pirueta.
—¿Ensayando el saludo? —preguntó, con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Y el falso serio! —gritó Nico.
—Yo también quiero, pero… ¿cómo se hace para no reírse? —preguntó Lila, muy seria.
Los tres se miraron. Empezaron a poner caras raras, a apretar los labios, a cruzar los brazos. Pero en cuanto uno hacía una mueca, los otros dos explotaban de risa.
—Creo que somos los campeones del falso serio… ¡pero solo durante tres segundos! —dijo Tomás, secándose las lágrimas de tanto reír.
Capítulo 3: Situaciones de pista y de detrás
El circo estaba lleno. Las luces giraban y los animales de peluche asomaban entre los asientos. Detrás de la cortina, Nico, Lila y Tomás se preparaban para su “número del saludo en trío”.
Nico estaba tan nervioso que sentía mariposas en la barriga. Miró a sus amigos y susurró:
—¿Listos?
Tomás giraba su diabolo con los ojos cerrados, como si lanzara sueños al aire.
—¡Listo! —dijo, aunque el diabolo casi se le escapó y se enredó en la manga.
Lila revisaba sus zapatillas de colores. De repente, pisó una cuerda y casi se cae sobre un tambor.
—¡Ay! —dijo riendo—. ¡Estas zapatillas tienen vida propia!
De repente, un payaso muy alto apareció, con la peluca torcida y la cara llena de confeti.
—¿Ya vais a salir? —preguntó—. ¡Cuidado con la tarta de crema, está detrás de la cortina!
Los tres rieron y prometieron no pisarla.
Cuando por fin sonó la música, los tres saltaron a la pista. El público aplaudió y un perrito de peluche ladró desde la grada.
Nico se puso en medio, Lila a su derecha y Tomás a la izquierda. Empezaron el saludo: mano en la cabeza, mano en la barriga, vuelta, ¡salto de rana!
Tomás lanzó el diabolo tan alto que rebotó en la nariz de un payaso y volvió a él como un búmeran. Lila saltó tan fuerte que perdió una zapatilla, que fue a parar al aro de los malabaristas. Nico, al girar, se cayó sobre una almohada que no estaba antes.
El público estalló en carcajadas. Los tres amigos intentaron poner cara de falso serio, pero acabaron riéndose a carcajadas. Tomás gritó “¡Pompón!” con voz de trompeta y Lila hizo una reverencia tan baja que casi besa el suelo.
Capítulo 4: Un murmullo contento y muchos amigos
Cuando terminó el número, los tres amigos se abrazaron detrás de la cortina. Los payasos los aplaudían, el domador de peluches les chocó la mano y hasta el director del circo les guiñó el ojo.
—¡Ha sido nuestro mejor saludo en trío! —dijo Nico, con la cara colorada de emoción.
—Y el más divertido del mundo —añadió Lila, recuperando su zapatilla.
Tomás abrazó a sus amigos y susurró:
—Creo que los saludos en trío traen suerte… ¡y muchas risas!
Los tres se sentaron sobre una caja de maquillaje, comiendo caramelos y viendo cómo el resto del circo seguía la función. Las risas seguían sonando, los payasos hacían torres de sombreros y las luces bailaban por el techo.
Nico cerró los ojos un momento y murmuró, muy bajito:
—Me gusta tener amigos como vosotros.
Lila y Tomás sonrieron y, casi sin querer, los tres repitieron su saludo especial una vez más, solo para ellos, en voz bajita, para que el murmullo contento quedara flotando en las luces del circo.
Así, entre abrazos, risas y un saludo disparatado, los tres amigos supieron que la magia más grande de todas era su amistad.