Capítulo 1: El cofre que brillaba
En la carpa más colorida del bosque vivía Oso Pompón. Tenía un gorro rojo y una sonrisa enorme. Un día, mientras olía algodón de azúcar, Oso Pompón encontró un cofre escondido bajo una manta de lunares. El cofre era pequeño y tenía una cerradura en forma de estrella. Cuando lo abrió, ¡zas!, una lluvia de cintas saltó al aire. Eran cintas de todos los colores: azules como el lago, amarillas como el sol, y verdes como las hojas.
Oso Pompón las recogió con sus grandes manos. Las cintas se enredaban en su gorro, en su cola y en sus patas. Empezaron a hacer cosquillas. Oso Pompón rió tan fuerte que los faroles titilaron. "¿De quién serán estas cintas?" se preguntó. Decidió salir a buscar a sus amigos de la troupe para compartir el hallazgo.
Capítulo 2: La vuelta por los puestos
Primero pasó por el puesto de las marionetas. Allí, la Señora Mariposa, con alas brillantes, hacía bailar a pequeñas marionetas de tela. Oso Pompón mostró las cintas. "¡Perfectas!" exclamó la Señora Mariposa. Ató una cinta azul al vestido de la marioneta. La marioneta giró y soltó una risita de botones.
Luego Oso Pompón fue al puesto del mago Conejo. El mago sacaba conejos de sombreros y escondía relojes en calcetines. Cuando vio las cintas, sacó un pañuelo grande. "Las cintas crean sorpresas", dijo el mago Conejo y lanzó una cinta amarilla al aire. La cinta se transformó en un pequeño sombrero que saltó sobre la cabeza de Oso Pompón. ¡Qué divertido!
Más adelante estaba la tienda de trapos y peluches. Un pequeño mono llamado Mono Lenteja tejía bufandas con estrellas. Oso Pompón le pidió que hiciera guirnaldas con las cintas. Mono Lenteja trabajó rápido. En un momento, trepó por las cuerdas y dejó caer guirnaldas que parecían risas en espiral. Todos los peluches del puesto se las colgaron; parecían un árbol de fiesta.
Al final del pasillo de puestos, sonó una fanfarria grandota. El jefe de la fanfarria, un ganso alto llamado Ganso Trompeto, se adelantó con su batuta brillante. Llevaba una chaqueta con botones dorados y un sombrero que parecía una casita. "¡Hora de la música!" dijo Ganso Trompeto. Oso Pompón le ofreció una cinta roja. El ganso la ató a la batuta y, cuando dio el primer golpe, la cinta voló describiendo un lazo en el aire. El sonido fue tan alegre que las flores comenzaron a bailar.
Mientras tanto, en las cocinas, la Cerdita Pastelera probaba un bizcocho con glaseado de nubes. Cuando Oso Pompón pasó, ella le ofreció una cucharada. "Las cintas son para decorar", dijo con azúcar en la nariz. Le puso una cinta rosa alrededor del bizcocho; ahora parecía un sombrero comestible.
Cada puesta que visitaba Oso Pompón añadía una vida nueva a cada cinta. Algunas se convirtieron en accesorios, otras en pequeñas historias y otras en música. Oso Pompón notó que las cintas no solo eran bonitas: unían a todos. Cuando una cinta se rompía, otro amigo la ataba. Cuando una cinta se perdía, alguien la encontraba. Así, las cintas se volvieron el lazo invisible del circo.
Capítulo 3: La gran función y el lazo de amistad
Llegó la hora del gran espectáculo. La carpa se llenó de luces que parecían luciérnagas. Oso Pompón y sus amigos estaban nerviosos y contentos. Ganso Trompeto levantó la batuta con la cinta roja brillando. La música sonó y las guirnaldas de cintas comenzaron a ondear.
Primero, la Señora Mariposa presentó las marionetas vestidas con cintas. Bailaron como hojas en viento. Después el mago Conejo hizo aparecer un arco iris de cintas que se convirtió en una escalera. Mono Lenteja saltó por la escalera y dejó caer confeti en forma de plumas. La Cerdita Pastelera repartió mini pastelitos con pequeños lazos de cinta. Oso Pompón, con su gorro cubierto de cintas, caminó por la pista central. Las cintas le hacían cosquillas y lo hacían saltar un poquito más alto.
En el clímax del show, Ganso Trompeto pidió silencio. Con un golpe suave, la batuta lanzó una lluvia de cintas sobre la pista. Todas las cintas se entrelazaron formando un gran lazo. Los amigos se tomaron de las manos, o de las aletas, o de las patas, y se acercaron al centro. Oso Pompón colocó el cofre ahora vacío en medio del lazo y sonrió. "Este cofre ha traído más que cintas", dijo en voz queda. "Ha traído amigos."
El público aplaudió con las patas y las alas. Las luces bajaron lentamente. En la salida, cada amigo se llevó una cinta como recuerdo. Oso Pompón guardó la última en su bolsillo del corazón.
Esa noche, bajo la carpa que olía a azúcar y música, Oso Pompón se acurrucó y pensó en todo lo vivido. Había risas, sorpresas y un montón de cintas. Pero, sobre todo, tenía amigos que lo habían ayudado a hacer de un cofre viejo un tesoro nuevo.
Antes de dormirse, Oso Pompón miró la luna y dijo: "Hasta pronto, amigos. Nos vemos en la próxima función." Y sus amigos, desde sus tiendas y puestos, respondieron con un susurro alegre: "À bientôt"