En una ciudad llena de luces brillantes y edificios altos, vivía un superhéroe muy especial llamado Capitán Brillo. Capitán Brillo tenía una capa dorada y botas que hacían chispas cuando caminaba. Su poder más especial era hacer que todo brillara como el sol.
Un día, la ciudad se llenó de nubes grises. Las personas estaban tristes porque el parque no brillaba. "No te preocupes", dijo Capitán Brillo con una sonrisa. Levantó su capa y, ¡zas!, las nubes comenzaron a desaparecer.
"¡Qué bonito!", dijo un niño mientras señalaba el cielo azul. Capitán Brillo voló por la ciudad, haciendo que los carros y las calles brillaran. Todos aplaudían y se reían. Un perrito ladró feliz y Capitán Brillo le dio un hueso brillante. "Gracias, Capitán", dijo el perrito moviendo la cola.
De repente, un pequeño charco de lodo apareció. Capitán Brillo lo vio y pensó rápido. Tocó el charco con su bota mágica y, ¡puf!, el lodo se convirtió en agua clara. "¡Hurra!", gritaron los niños mientras saltaban.
Al final del día, Capitán Brillo se sentó en una nube. "Es divertido hacer que el mundo brille", dijo con una gran sonrisa.
Siempre hay luz cuando compartimos alegría.