Un cielo extraño
Había una vez un superhéroe llamado El Gran Bruno. El Gran Bruno tenía una capa roja y un casco brillante que reflejaba el sol. Vivía en una ciudad alegre llamada Ciudad Resplandor. Cada día, El Gran Bruno volaba por el cielo asegurándose de que todo estuviera en orden.
Un día, mientras El Gran Bruno descansaba en su nube favorita, vio algo muy curioso en el cielo. Las nubes eran de colores extraños: una nube verde, otra rosa, y una naranja con puntitos azules. El Gran Bruno pensó: "¡Qué curioso! Nunca había visto un cielo tan raro."
El misterio de las nubes
El Gran Bruno decidió investigar. Voló rápido como un cohete, dejando una estela de pequeños destellos dorados a su paso. Cuando llegó más cerca, notó que las nubes extrañas formaban palabras: "¡Ayuda, por favor!"
El Gran Bruno comprendió que alguien necesitaba ayuda. Se dio cuenta de que el mensaje venía del Parque de las Flores. Así que bajó volando hasta el parque, donde encontró a Don Alfredo, el viejo jardinero.
"Hola, El Gran Bruno," dijo Don Alfredo con una sonrisa. "¿Viste el cielo? He estado intentando plantar nuevas flores, pero cada vez que lo hago, ¡las nubes roban los colores!"
El Gran Bruno se rio amigablemente. "No te preocupes, Don Alfredo, resolveremos este misterio."
El plan del superhéroe
El Gran Bruno pensó y pensó. "¡Ya sé! Necesitamos atraer a las nubes de vuelta con un arcoíris gigante," dijo.
Don Alfredo exclamó, "¡Qué idea tan brillante, El Gran Bruno!"
Juntos, El Gran Bruno y Don Alfredo pintaron una gran arcoíris en el suelo del parque usando tizas mágicas. El arcoíris era tan grande y colorido que se veía desde cualquier parte de Ciudad Resplandor.
Las nubes comenzaron a acercarse, curiosas por ver los colores brillantes. Y cuando llegaron al parque, El Gran Bruno, rápido como un rayo, las convenció de dejar los colores que habían tomado prestados.
Un final feliz
Las nubes soltaron los colores y el cielo volvió a ser azul como siempre. Las flores de Don Alfredo recuperaron su color, y el parque floreció aún más hermoso que antes.
"¡Gracias, El Gran Bruno!" exclamó Don Alfredo, mientras miraba su jardín lleno de vida. "Eres un verdadero héroe."
El Gran Bruno sonrió y dijo, "Siempre estoy aquí para ayudar."
Y así, Ciudad Resplandor volvió a su colorida normalidad, y El Gran Bruno hizo una última vuelta en el cielo, dejando destellos dorados que brillaban como estrellas al caer la noche. Desde entonces, cada vez que las nubes querían jugar con los colores, recordaban al amable Gran Bruno y su arcoíris mágico. Fin.