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Cuento de superhéroes 3/4 años Lectura 7 min.

Capitán Brillotrón y el polvito de estrellas del Jardín Solar

En la Ciudad Nube, el Capitán Brillotrón, la ingeniera Lila Lumen y el robot Don Mimo unen fuerzas para proteger el Jardín Solar cuando un polvito espacial impide que las flores absorban la luz y deben idear una solución creativa.

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Un hombre, el Capitán Brillotrón, sonriente y confiado con los brazos levantados, viste traje azul oscuro con pequeños puntos plateados, capa corta roja, botas brillantes y guantes plateados; una mujer, la Ingeniera Lila Lumen, de unos 30 años, lleva mono de trabajo naranja, gafas redondas y una pequeña bolsa de herramientas y pilota un mini-cohete rosa sobre el jardín mientras observa las flores; un robot pequeño y redondo, Don Mimo, color beige metálico con ojos en forma de corazón y una minúscula brocha que barre polvo espacial; lugar: la Plaza del Jardín Solar, suelo pavimentado iridiscente, grandes flores doradas en círculo como paneles solares, farolas de vidrio y drones coloridos en un cielo azul claro; escena: Capitán Brillotrón y Lila Lumen en un mini-cohete sobre las flores mientras Don Mimo barre, una gran burbuja transparente protege el jardín y chispas grises de polvo espacial caen en remolinos; estilo: colores vivos y contrastados, formas simples y redondeadas, líneas nítidas, ambiente cálido y optimista para niños de 4 años. reportar un problema con esta imagen

En la brillante Ciudad Nube, los edificios parecían de cristal y las calles tenían luces de colores que parpadeaban como estrellitas. Por el cielo flotaban pequeños drones-amigo que decían “bip-bip” y ayudaban a llevar cartas, plantas y helados.

Allí vivía un superhéroe muy especial: Capitán Brillotrón. Era un hombre alto y amable, con un traje azul oscuro lleno de puntitos luminosos, como un cielo de noche. En su pecho llevaba un gran símbolo: una estrella plateada con una sonrisa. Su capa era corta y práctica, y sus botas hacían “tic-tac” suave al correr. En su muñeca tenía un brazalete redondo, como un reloj, que podía hablar.

“Buenos días, Capitán”, dijo el brazalete con voz alegre. “Hoy la ciudad brilla mucho”.

Capitán Brillotrón guiñó un ojo. “Entonces, hoy también brillaremos nosotros”.

En la plaza central estaba el Jardín Solar, donde unas flores especiales guardaban energía del sol para encender las luces por la noche. Las flores eran grandes, redondas y doradas. Los niños iban a verlas y decían: “¡Hola, florecitas!”.

De pronto, las luces de la plaza hicieron “puf”. Y luego “puf, puf”. Y luego… nada. Las farolas se apagaron. Las pantallas de los autobuses se quedaron en blanco. Hasta la fuente de burbujas dejó de cantar.

La gente se miró, pero nadie se asustó. Era raro, sí, pero la Ciudad Nube siempre encontraba soluciones.

Capitán Brillotrón levantó su mano. “Tranquilos, vecinos. Vamos a arreglarlo. Con calma y con una sonrisa”.

Un dron-amigo voló en círculos, confundido. “Bip-bip… no hay chispa…”.

El brazalete habló: “Detecto una nube de polvito espacial. Es suave, pero tapa la luz del Jardín Solar”.

“¿Polvito espacial?”, repitió el Capitán, y soltó una risita. “Suena como cuando sacudo la alfombra”.

En ese momento apareció su vecina y amiga, la Ingeniera Lila Lumen. Lila llevaba gafas grandes, un mono naranja y una mochila con herramientas que sonaban “clin-clin”. Siempre olía a limón y a cables nuevos.

“Capitán”, dijo Lila, “mis sensores dicen lo mismo. El polvito está sobre las flores. No es malo, pero las flores no pueden ‘beber' luz”.

Capitán Brillotrón asintió. “Entonces haremos equipo. Una alianza brillante”.

Lila sonrió. “¡Equipo Brillo-Lila!”

“Suena a helado”, dijo el Capitán. “Me gusta”.

También llegó Don Mimo, el robot barrendero del barrio. Era redondo, bajito y muy simpático. Tenía una escobita que giraba y ojos en forma de corazón.

“Yo barro muy bien”, dijo Don Mimo. “Pero el polvito está… arriba”.

“Entonces necesitamos altura”, dijo el Capitán. Miró a los lados. “Y necesitamos cuidado. Las flores son delicadas”.

Lila abrió su mochila. “Tengo un mini-cohete de jardín. No hace ruido fuerte. Solo ‘fiuu' y listo”.

“Perfecto”, dijo el Capitán. “Y yo tengo mis Guantes de Viento Suave”.

Se los puso: eran guantes plateados que podían soplar aire limpio, como una brisa fresca. Capitán Brillotrón respiró hondo. “Uno… dos… tres… ¡a volar!”

El mini-cohete de Lila los subió despacito, como un ascensor del cielo. “Fiuu… fiuu…”. Don Mimo se quedó abajo, moviendo su escobita feliz.

Desde arriba, el Jardín Solar se veía como una pizza gigante de luz… pero con harina gris encima. El polvito espacial era como un azúcar muy fino.

“Tranquilas, florecitas”, dijo el Capitán. “Vamos a hacer cosquillas de viento”.

Lila señaló. “Si soplas fuerte, el polvito puede ir a la cara de la gente. Mejor hacemos un domo”.

“¿Un domo?”, preguntó el Capitán.

Lila sacó un botón redondo. “Domo Burbuja. Es como una pompa gigante”.

Apretó el botón y ¡plop! apareció una burbuja transparente alrededor del jardín. Se veía todo dentro, pero el polvito no podía salir volando por la ciudad.

“¡Guau!”, dijo el Capitán. “Ahora sí. Viento suave, modo abrazo”.

Sus guantes hicieron “shhh… shhh…”. Una brisa cariñosa barrió el polvito con cuidado. El polvito danzaba en el aire como confeti dormido, y caía al suelo del jardín.

Don Mimo, desde abajo, habló por su altavoz. “¡Ahora sí! ¡Ahora barro yo!”

Entró al domo por una pequeña puerta y su escobita giró: “vruum, vruum”. Iba juntando el polvito en montoncitos redondos.

Lila miró sus sensores. “Va perfecto. Pero necesitamos guardar el polvito en un lugar seguro. Es espacial, ¡pero no es basura!”

Capitán Brillotrón hizo una pose de cómic, con una mano en la cintura. “Misión: Polvito, a casa”.

Lila sacó un frasco grande con etiqueta: “Polvo de Estrellas”. “Lo guardaremos en el Museo del Cielo. Así los niños podrán verlo”.

“Y yo firmo el frasco”, dijo el Capitán, riéndose. “Con letra bonita”.

Cuando el último granito quedó guardado, las flores del Jardín Solar empezaron a brillar otra vez. Primero una, luego dos, luego todas: “glim, glim, glim”. La plaza se encendió, los autobuses mostraron sus letras, y la fuente volvió a cantar “plin-plin”.

La gente aplaudió suave, como lluvia amable. Un niño gritó: “¡Capitán Brillotrón, eres como un sol con botas!”

Capitán Brillotrón se inclinó. “Gracias. Pero hoy ganamos en equipo”.

Lila levantó su mano y el Capitán chocó la suya: “¡Paf!” suave. Don Mimo hizo una reverencia y dijo: “Barrido heroico completado”.

El brazalete cantó: “Ciudad segura. Ciudad feliz”.

Al atardecer, el cielo se pintó de naranja y violeta. Capitán Brillotrón caminó por la plaza, tranquilo. Lila iba a su lado, y Don Mimo rodaba detrás, dejando el suelo limpito y brillante.

“¿Alianza duradera?”, preguntó Lila.

“Para siempre”, dijo el Capitán. “Cuando la ciudad necesite brillo, aquí estaremos. Con valentía, con responsabilidad… y con un poquito de humor”.

Y la Ciudad Nube, calentita y luminosa, siguió sonriendo bajo las estrellas.

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Brazalete
Una pulsera que puede hablar o dar información.
Detecto
La palabra que dice algo que se ve o se siente ahora.
Polvito espacial
Polvo muy fino que viene del espacio o de las estrellas.
Mini-cohete
Un pequeño vehículo que sube despacio por el aire.
Domo
Una cúpula o cubierta redonda que protege algo.
Burbuja transparente
Una pompa que se puede ver a través y que cubre cosas.
Escobita
Una pequeña escoba que sirve para barrer con cuidado.
Sensores
Aparatos que dicen si algo está bien o mal, como ojos del robot.
Energía
La fuerza que necesitan las luces y las flores para brillar.
Frasco
Un bote de cristal donde se guarda algo con cuidado.

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