Hoy es el Día de la Madre y Sofía se levanta temprano. Ha soñado con globos, risas y muchos besos. Despacito, sale de su cama con su osito Tito. Tito le dice en voz bajita: “¡Hoy vamos a sorprender a mamá!”
Sofía busca el mantel favorito de mamá. Es azul, con flores rojas y verdes. Quiere ponerlo en la mesa del desayuno. Camina en puntitas por la casa, para no hacer ruido. Pero el mantel no está en el cajón. No está en la cesta. No está debajo de la cama.
“¿Dónde está, Tito?” pregunta Sofía. Tito la mira y sonríe sin decir nada. Sofía ríe. “¡Eres un osito travieso!”
De pronto, ve una punta del mantel asomando por detrás del sofá. “¡Ahí está!” grita Sofía. Da un brinquito y tira del mantel. Pero el mantel no quiere salir. Está enganchado.
Sofía tira despacito. Ahora tira fuerte. Pero nada. Entonces, respira, como mamá le enseñó. “Despacito, Sofía, con paciencia”, recuerda. Así que acaricia el mantel, lo desenreda poquito a poco. ¡Al fin lo tiene!
Arrastra el mantel hasta la mesa. Es muy grande, y Sofía es pequeña. El mantel cae por un lado. Sofía va al otro lado, lo estira. Pero entonces, el otro lado se cae. Sofía se ríe. “¡Juego del mantel saltarín!” dice.
Va de un lado a otro, estirando, colocando, arreglando. El mantel baila con ella. Tito la ayuda, claro. Al final, el mantel queda... un poco torcido. Pero Sofía sonríe. “¡Está bonito!”
Coloca una flor que recogió en el jardín. Luego, pone la taza favorita de mamá. Todo está listo.
Mamá entra, medio dormida y sonriendo. “¡Feliz Día, mamá!” dice Sofía y da un abrazo grande. Mamá ve la mesa y el mantel saltarín. Se ríe con Sofía y con Tito. Las dos ríen y ríen. Y el osito Tito también parece reír.
Ese desayuno huele a besos, a flores y a alegría. Sofía piensa: “Un poco de paciencia, mucho amor… y el mantel baila solo.”