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Cuento sobre el Día de la Madre 3/4 años Lectura 4 min.

El día de descanso de mamá y las gotitas felices

En el Día de la Madre, el pequeño Leo y su papá planean en secreto mimar a mamá con un desayuno y gestos cariñosos, mientras Leo aprende que escuchar y los detalles sencillos también son un regalo.

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Un niño de 4 años, rostro redondo, cabello castaño claro corto, ojos grandes y brillantes, expresión tierna y concentrada, lleva camiseta a rayas azules y pantalón beige; sostiene un dibujo colorido y una flor de papel amarilla y camina de puntillas. Un hombre (padre, ~35 años), con barba de varios días, cabello castaño despeinado, sonrisa suave y delantal claro, sostiene una bandeja con un cuenco de yogur, rebanadas de pan y fresas rojas, caminando en silencio detrás del niño. Una mujer (madre, ~33 años), pelo largo recogido en un moño suelto, ojos cansados pero sonrientes, cubierta hasta el pecho, está sentada en una cama grande con cabecero de madera mirando con ternura. Habitación luminosa de mañana: sol cálido que forma una mancha dorada en el suelo de madera, cortinas translúcidas rosas, paredes crema con pocos adhesivos de animales, mesa pequeña y felpudo junto a la cama; ambiente suave y tranquilo. Escena principal: momento silencioso y afectuoso en el que el niño lleva el desayuno y su dibujo a la madre en la cama, la bandeja es colocada delicadamente por el padre; gestos lentos y respetuosos, atmósfera íntima y luminosa en tonos pastel con toques de rojo fresa y amarillo. reportar un problema con esta imagen

Hoy es el Día de la Madre. El sol entra despacito por la ventana y hace una mancha tibia en el suelo, como una manta de luz.

Leo, que tiene tres años, abre los ojos y susurra:

“Hoy cuidamos a mamá.”

En la cocina está papá, con el pelo despeinado y una sonrisa de sueño.

“¿Listo para una misión?”, pregunta.

“¡Sí!”, dice Leo, y levanta los brazos como si fueran alas.

Van de puntitas hasta la puerta del cuarto. Se oye la respiración suave de mamá. Está dormida, tranquila, con la cara relajada.

Leo pone un dedo en sus labios.

“Shhh. Descanso.”

Papá y Leo vuelven a la cocina. Papá saca una bandeja. Leo trae una servilleta. También trae una cuchara… y luego otra cuchara. Y luego un tenedor.

“Con esto, mamá come mucho”, explica muy serio.

“¿Qué le damos de desayuno?”, pregunta papá.

Leo mira alrededor. Hay plátanos, pan, yogur y fresas.

“Fresas rojas”, decide Leo. “Como besitos.”

Papá corta las fresas en trocitos. Leo las cuenta, aunque a veces se le olvidan los números.

“Uno… dos… muchos.”

“Muchos está bien”, dice papá, y se ríen bajito.

Luego Leo quiere hacer un vaso de zumo. Pero aprieta la naranja con tanta fuerza que el zumo salpica la mesa.

“Oh oh”, dice Leo, con ojos redondos.

Papá limpia rápido con un paño.

“No pasa nada. Los domingos también tienen gotitas.”

Leo escucha esas palabras y se calma.

“Gotitas felices”, dice, y le da un beso al paño.

Después llega el momento del regalo. Leo busca por la casa algo especial. Encuentra una flor amarilla de papel que hicieron en la guardería. También un dibujo: una mamá grande, un niño pequeño y un sol enorme que parece una tortilla.

Leo se sienta en el suelo y habla con el dibujo, como si fuera un secreto.

“Mamá, hoy descansas. Yo escucho.”

Porque ayer mamá dijo: “A veces estoy cansada, y me ayuda cuando me escuchan.”

Leo lo recordó. Recordó sus ojos suaves. Recordó su voz.

Para que mamá descanse, Leo y papá hacen silencio de juego. Juegan a ser gatos. Caminan despacito. Ronronean muy bajito.

“Miau… miau… descanso”, susurra Leo, y casi se le escapa una risa.

Pero Leo tiene una duda importante. Mira a papá y pregunta:

“¿Mamá va a estar contenta si no hago ruido?”

“Sí”, responde papá. “Y si le dices ‘te quiero'. Y si la escuchas.”

Leo asiente fuerte, como un tambor pequeñito.

Al fin, la bandeja está lista: yogur, pan, fresas rojas y un vaso de zumo con “gotitas felices” en la mesa. Papá pone también una tarjeta que dice: “Para mamá”.

Van de puntitas otra vez. Leo lleva el dibujo pegado al pecho. Papá lleva la bandeja.

Mamá abre los ojos. No se asusta. Sonríe, como si ya supiera.

“Buenos días”, dice ella, con voz blandita.

Leo se acerca y susurra:

“Feliz Día de la Madre. Hoy tú descansas. Yo escucho.”

Mamá lo abraza. Huele a jabón y a hogar.

“Gracias, mi amor”, responde. “Escuchar es un regalo grande.”

Se sientan juntos en la cama. Comen fresas rojas. Leo le muestra el dibujo.

“Ese sol es una tortilla”, explica.

Mamá se ríe, y su risa suena como campanitas.

Luego mamá se recuesta otra vez. Papá lee un cuento corto. Leo apoya la cabeza en la almohada.

“¿Mañana también puedo ayudarte?”, pregunta, medio dormido.

“Sí”, dice mamá, y le acaricia el pelo. “Mañana y siempre.”

Leo bosteza, feliz y tranquilo.

“Vale… a mañana.”

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Despacito
De manera muy lenta y suave, sin prisa.
Manta de luz
Una imagen que dice que la luz cubre como una tela cálida.
Despeinado
Cuando el pelo está revuelto y no está peinado.
Susurra
Hablar bajito, casi sin hacer ruido, para no despertar.
Respiración
El aire que entra y sale del cuerpo cuando vivimos.
Relajada
Cuando el cuerpo y la cara están tranquilos y sin tensión.
Bandeja
Plato grande plano donde se ponen varias cosas para llevar.
Servilleta
Tela o papel que se usa para limpiarse la boca o manos.
Salpica
Cuando gotas de líquido caen y mojan alrededor.
Guardería
Lugar donde cuidan y juegan los niños pequeños durante el día.
Ronronean
Hacer un sonido suave y continuo, como un gato contento.
Bosteza
Abrir la boca y estirar cuando tienes sueño o cansancio.

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