CapĂtulo 1: Los Disfraces Brillantes
Marta, Diego y Ana eran tres amigos que vivĂan en un pequeño pueblo. Halloween estaba por llegar y estaban muy emocionados. En el pueblo, todos se preparaban para el gran festival de Halloween con concursos de disfraces, cuentos de miedo (pero no tanto), y muchas sorpresas.
Marta tenĂa un disfraz de bruja con un sombrero puntiagudo y una capa que brillaba. Diego se disfrazĂł de un simpático fantasma, con una sábana blanca que tenĂa muchos agujeros para que pudiera ver. Ana, por su parte, era una calabaza muy sonriente con un gran sombrero verde.
—¡Miren cómo brillamos! —dijo Marta, girando feliz con su capa.
—¡SĂ! ¡Somos los mejores! —exclamĂł Diego.
—Vamos al festival. ¡Será divertido! —dijo Ana, dando pequeños saltos.
Los tres amigos tomaron sus cestas para los dulces y caminaron hacia el festival. HabĂa luces de colores y mĂşsica sonando, y todos los niños del pueblo estaban allĂ, riendo y bailando.
CapĂtulo 2: La Cueva Misteriosa
Mientras caminaban juntos, vieron algo inusual. Un camino pequeño se abrĂa entre los árboles, iluminado por una luz suave. Marta, curiosa, señalĂł el camino.
—¿Qué habrá allá? —preguntó Marta.
—Vamos a ver —dijo Diego, un poco nervioso pero emocionado.
—¡SĂ, vayamos! —dijo Ana, agarrando fuerte las manos de sus amigos.
Los tres amigos caminaron despacito por el sendero. Al final del camino encontraron una pequeña cueva. La cueva estaba decorada con telarañas falsas y calabazas que brillaban.
—¡Qué bonito! —dijo Ana, sus ojos grandes de asombro.
De repente, escucharon un suave "uuuh" que vino desde dentro de la cueva.
—¿Qué fue eso? —preguntó Diego, mirando a sus amigos.
—Tal vez es... un fantasma amigo —dijo Marta, sonriendo.
—SĂ, un fantasma que quiere jugar con nosotros —agregĂł Ana.
Entonces, entraron en la cueva, cogidos de la mano, sin dejar de reĂr.
CapĂtulo 3: El Fantasma Amistoso
Dentro de la cueva, encontraron a un pequeño fantasma que brillaba con una luz cálida. No daba miedo, al contrario, parecĂa feliz de verlos.
—¡Hola, pequeños! —dijo el fantasma con una voz alegre—. ¿Quieren jugar?
—¡SĂ! —respondieron Marta, Diego y Ana al mismo tiempo.
Jugaron a las escondidas entre las calabazas y se reĂan mucho. El pequeño fantasma era muy bueno escondiĂ©ndose, pero siempre los dejaba ganar para que se sintieran felices.
—¡Eres el mejor fantasma! —dijo Marta, abrazando al fantasma.
—Gracias por jugar con nosotros —dijo Diego.
—Vengan a verme cuando quieran —dijo el fantasma amistoso antes de desaparecer lentamente con un «uuuh» suave.
Marta, Diego y Ana salieron de la cueva con grandes sonrisas. HabĂan tenido una pequeña aventura y habĂan hecho un nuevo amigo.
De regreso al festival, contaron su aventura a otros niños, y todos quisieron conocer al fantasma amistoso. Esa noche, durmieron contentos, sabiendo que Halloween era una noche mágica llena de sorpresas y amigos.