Preparativos de Ramadan
Una mañana, cuatro amigas se reunieron en el jardín de la abuela de Leila. Estaban muy emocionadas porque era el primer día de Ramadan. Leila, Fatima, Sara y Amina se sentaron en la suave hierba. Amina, que usaba una silla de ruedas, tenía una sonrisa gigante en su rostro.
"¡Hoy es un día especial!", dijo Leila, mientras balanceaba sus pies de un lado a otro. "Vamos a aprender sobre Ramadan y a vivir una nueva aventura".
"Sí", añadió Fatima, mirando las flores que brillaban bajo el sol. "Quiero sentirme como una princesa mágica".
Sara, que abrazaba un osito de peluche, preguntó: "¿Qué haremos primero?"
La abuela de Leila salió con una bandeja llena de frutas coloridas y galletas. "Primero, hablemos sobre la bondad", dijo. "El Ramadan es un tiempo de amor y compartir".
Las niñas miraron la bandeja con asombro. Las fresas eran tan rojas como el vestido de Sara, y las galletas olían a vainilla.
Un Día de Descubrimientos
Después de comer, las amigas decidieron decorar el patio. Colgaron luces que brillaban como estrellas y pusieron cojines suaves por todas partes. Amina usó su silla de ruedas para llevar una caja llena de cintas de colores.
"¡Mira cómo brillan!", exclamó Leila, con los ojos abiertos de par en par.
Fatima encontró una caja con globos y comenzó a inflarlos. "Quiero que todo sea especial para esta noche", dijo, sonriendo.
De repente, Sara señaló al cielo. "¡Una estrella fugaz!", gritó. Todas miraron arriba y vieron una estrella brillante cruzar el cielo.
"Es un deseo mágico", susurró Amina. "Podemos pedir un deseo juntas".
Las cuatro amigas cerraron los ojos y, juntas, pidieron un deseo especial.
La Magia de la Noche
Cuando llegó la noche, el jardín estaba lleno de luces y risas. Las niñas se sentaron en círculo, escuchando las historias de la abuela.
"Durante el Ramadan, aprendemos sobre la gratitud", explicó la abuela. "Es importante apreciar lo que tenemos y ser amables con los demás".
Las niñas asintieron, comprendiendo la importancia de las palabras de la abuela. Se sintieron felices de estar juntas, compartiendo ese momento especial.
Entonces, Leila tuvo una idea. "Vamos a hacer un baile de estrellas". Se levantó y comenzó a girar, riendo. Las demás niñas la siguieron, bailando bajo el cielo estrellado.
Amina giraba su silla de ruedas, moviéndose con la misma alegría que sus amigas. Las luces brillaban alrededor, como si el jardín estuviera lleno de magia.
Esa noche, las niñas comprendieron que la verdadera magia del Ramadan estaba en el amor y la amistad. Unidas, prometieron seguir compartiendo momentos especiales y ser siempre amigas. Y así, con sonrisas y corazones felices, disfrutaron de un Ramadan lleno de luz y amor.