Preparativos mágicos
En un pequeño pueblo lleno de flores y colores, vivía un niño llamado Pedro. Pedro tenía tres años y siempre tenía una sonrisa en su rostro. Un día, mientras jugaba en el jardín, escuchó a su vecino, el señor Hamza, hablando con su esposa.
—Querida, pronto comenzará el Ramadán y necesitamos preparar todo —dijo el señor Hamza.
Pedro, curioso como siempre, se acercó y preguntó:
—¿Qué es Ramadán?
El señor Hamza sonrió y le explicó:
—Es un mes especial en el que compartimos y ayudamos a los demás. También preparamos comidas ricas para compartir al anochecer.
Pedro pensó que eso sonaba divertido.
La gran ayuda de Pedro
Al día siguiente, Pedro decidió ayudar al señor Hamza. Tocó a su puerta y dijo:
—¡Quiero ayudar!
El señor Hamza se sorprendió y muy contento le dijo:
—¡Claro, Pedro! Puedes ayudarme a decorar.
Juntos, Pedro y el señor Hamza colgaron luces y estrellas de papel en el patio. Pedro, con sus pequeñas manos, colocaba las estrellas donde el señor Hamza le decía. Mientras tanto, la señora Hamza preparaba galletas con miel. El dulce aroma llenaba el aire.
—Mmm, qué bien huele —dijo Pedro, olfateando.
La señora Hamza sonrió y le ofreció una galleta.
—Gracias, Pedro, por tu ayuda. Aquí tienes una galleta mágica.
Pedro la mordió y exclamó:
—¡Es deliciosa!
La magia de compartir
Cuando llegó la noche, el patio estaba lleno de luces y alegría. Las estrellas de papel brillaban como si fueran de verdad. Los vecinos se reunieron para compartir la comida.
Pedro, con los ojos muy abiertos, miraba todo. Se sentó junto al señor Hamza y preguntó:
—¿Por qué compartimos?
El señor Hamza le respondió:
—Porque compartir nos hace felices y une a las personas.
Pedro asintió, entendiendo. Se sintió muy feliz al ver a todos sonriendo y compartiendo.
Esa noche, mientras regresaba a casa con su mamá, Pedro le dijo:
—Mamá, quiero compartir siempre.
Su mamá le dio un beso en la cabeza y le dijo:
—Eres un niño muy especial, Pedro.
Y así, Pedro aprendió que ayudar y compartir no solo hace felices a los demás, sino que también llena el corazón de magia y alegría.